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San Ignacio, en los Ejercicios Espirituales, invita al ejercitante a meterse en el Belén, como si presente se hallase, como si fuera uno más, ayudando y sirviendo. Y es que la contemplación nos ayuda a ver más allá, a introducirnos en el misterio del nacimiento, a sentir cómo late en la realidad y cómo Dios quiere decirnos algo.