
reflexión
El perdón
El mal que hiere
«David se puso furioso y dijo a Natán: '¡Vive Dios, que el que ha hecho eso es reo de muerte! No quiso respetar lo del otro, pagará cuatro veces su valor…'. Entonces Natán dijo a David: '¡Ese hombre eres tú!'» (2Sam 12, 5-7)
Si alguna vez le has fallado a quien quieres sabes de qué te hablo. Entonces comprendes lo que es el dolor por las acciones. Entonces te das cuenta de lo humano que es el arrepentimiento. No sé, hoy en día hay muchas personas que siempre se reafirman en sus seguridades, no se arrepienten de nada, no lamentan nada… Pero créeme, si alguna vez hieres a quien te importa, por tu propio egoísmo, entonces entenderás lo que es el pecado, y lo que es la necesidad de perdón...
¿He fallado alguna vez a alguien querido?
¿Qué aprendí entonces?
Aquí estoy, Señor
Aquí estoy Señor,
arado de arriba abajo,
despojado de la vieja cosecha,
sin una sola hierba verde.
Aquí estoy Señor,
la reja de hierro
me ha volteado
de dentro afuera
y ha sacado al aire
la entraña frágil
y la piedra dura.
Aquí estoy Señor,
todo entero al sol que quema
y al rocío de la noche
puro surco rajado,
herido de esperanza,
abierto para la nueva siembra.
Aquí estoy Señor.
(Benjamín González Buelta)
El perdón que libera
«Y se puso en camino a casa de su padre. Estaba aún distante cuando su padre lo divisó y se enterneció. Corriendo, se le echó al cuello y le besó» (Lc 15, 20)
Y si alguna vez experimentas el perdón anhelado. Si alguien que podría cerrarte la puerta la mantiene abierta. Si quien conoce tu fragilidad y tu barro sigue mirándote con aprecio. Si quien comparte tu historia lo hace más allá de la noche y el día. Si quien podría juzgarte con dureza te mira con misericordia, entonces entenderás un poco más a Dios… y su evangelio.
¿Alguien me ha enseñado lo que es verdaderamente el perdón?
¿Qué es para mí lo más difícil del perdón?
Pacto
Por si acaso llovizna por tu calle
y quieres secar tu cuerpo
entre mis brazos.
Por si el silencio te acomete
y recuerdas el lenguaje extraño
que aprendiste a mi lado.
Por si regresas
a humedecer de lunas los recuerdos.
Por si el trópico te reclama impaciente
entre sus verdes.
O por si acaso es de noche en tu morada
dejaré la puerta abierta.
(María Clara González
De Pasajeros del viento)


