En 2013, un corto llamado «Pipas» https://www.youtube.com/watch?v=H1v-bCyeIR4 se alzó con el primer premio en el certamen Notodofilmfest. Dos veinteañeras no solo mostraban su ignorancia, sino que además alardeaban de ella. El corto se hizo muy popular, especialmente entre quienes nos dedicamos a la educación, y nos permitió echarnos unas buenas risas. Con los resultados del Informe PISA recién salidos del horno, recobra toda su actualidad.
Ante la catástrofe educativa de nuestro país buscamos culpables, pero asumir la propia responsabilidad cuesta más. Y hay para todos.
Para los pedagogos que diseñan planes educativos aparentemente perfectos sin pisar un aula desde hace años.
Para una Administración educativa que ahoga a los docentes en burocracia, pone el foco en detalles mínimos y, cuando surgen problemas verdaderamente importantes para la vida de los alumnos, busca únicamente que no le salpiquen.
Para unos equipos directivos que, pese al alto precio personal que muchas veces pagan por su dedicación, quizá deberían hacer autocrítica. Tratar a los alumnos como clientes, achantarse ante las familias o no respaldar a los profesores son claros campos de mejora.
Y para las familias. La mayoría colaboran con el colegio y sufren muchas presiones, pero la renuncia a poner límites, la exigencia desmesurada y la hiperprotección contribuyen decisivamente a la debacle.
Dejo para el final a los profesores y a los alumnos, los pilares de la escuela y, quizá, las principales víctimas. Los primeros, atrapados entre una burocracia desmedida, unas familias tremendamente exigentes, aulas difíciles y, a veces, la falta de respaldo. Los segundos, confusos y sin referentes sólidos, aunque quizá podrían valorar más el esfuerzo y la oportunidad de recibir una buena educación.
Con desolación descubrimos que aquel corto que tanta gracia nos hizo en 2013 no era una parodia, sino una profecía.
