
Espíritu que habla
«Quedaron todos llenos del Espíritu Santo y se pusieron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedía expresarse» (Hch 2, 4)
No es por provocar, pero esto del don de lenguas, cuando se reduce a algo así como empezar a proferir sonidos de otro supuesto idioma, resulta un poco extraño. Me parece a mí que el Espíritu tiene bastante reto en conseguir, en nuestro mundo, en nuestras sociedades, y en nuestra Iglesia, que nos comprendamos. Intuyo que esto del Espíritu que da la capacidad de comunicarse tiene que ver con lo de entenderse con quien es diferente, dialogar con quien piensa distinto, cree (o duda) por otras cosas. No es aquí cuestión de encontrar un cierto 'esperanto' místico. Más bien el milagro está en ser capaces de escuchar y comprender las alegrías y tristezas, las esperanzas y las angustias, los logros y los temores, las búsquedas de los otros. El milagro está en ser capaces de vislumbrar, respetar y, al tiempo, decir una palabra que ayude a dar sentido. El milagro ocurre cada vez que entre dos personas hay un puente, y alguien lo cruza para asomarse con interés genuino a la vida de otro, y lleva como regalo la certeza de que Dios puede llenar nuestras vidas.
¿Qué idiomas no entiendo? ¿Qué hago ante lo que me resulta difícil de comprender? ¿Me atrinchero o dialogo? ¿Hasta dónde?
Exulta
Si tienes mil razones para vivir,
si has dejado de sentirte solo,
si te despiertas con ganas de cantar,
si todo te habla
–desde las piedras del camino
a las estrellas del cielo,
desde las luciérnagas que se arrastran
a los peces, señores del mar–,
si oyes los vientos
y escuchas el silencio,
¡exulta!
El amor camina contigo,
es tu compañero,
es tu hermano...
(Dietrich Bonhoeffer)


