reflexión

El sexo, buena noticia

Placer

«Que me bese con besos de su boca. Son mejores que el vino tus amores.» (Ct 1, 2)

El placer es bueno. No como un imperativo hedonista, y no como el único criterio en la vida. Hay otros criterios igualmente importantes: el deber, la realización personal, la justicia… pero, dicho todo eso, el placer es importante. El disfrute de los sentidos. Y se vive en muchas dimensiones de la vida: una buena comida, la contemplación de un paisaje, una descarga de adrenalina al vivir emociones intensas… y el placer asociado al sexo. Una manera de compartir, con alguien más, momentos de júbilo, de disfrute, de humor… sin mitificar tampoco la cosa.

  • ¿Qué te da placer en la vida?

Te veo como un temblor...


Te veo como un temblor
en el agua.
Te vas,
te venís,
y dejás anillos en mi imaginación.


Cuando estoy con vos
quisiera tener varios yo,
invadir el aire que respiras,
transformarme en un amor caliente
para que me sudés
y poder entrar y salir de vos.


Acariciarte cerebralmente
o meterme en tu corazón y explotar
con cada uno de tus latidos.


Sembrarte como un gran árbol en mi cuerpo
y cuidar de tus hojas y tu tronco,
darte mi sangre de savia
y convertirme en tierra para vos.


Siento un aliento cosquilloso
cuando estamos juntos,
quisiera convertirme en risa,
llena de gozo,
retozar en playas de ternuras
recién descubiertas,
pero que siempre presentí,
amarte, amarte
hasta que todo se nos olvide
y no sepamos quién es quién.

 

(Gioconda Belli)

Comunicación

«Habla mi amado, y me dice: 'Levántate, amada mía, hermosa mía, ven a mí'» (Ct 2, 10)

Que en el roce haya encuentro, que las palabras, y las caricias, y los besos, y lo que venga, sean un puente que ayude a dos personas a encontrarse, a conocerse, a romper barreras e ir conociéndose cada vez más. De una forma diferente. Dejando que otro entre en ese ámbito íntimo, en el que tan necesaria es la confianza, donde uno puede mostrarse más desnudo y vulnerable. Si las relaciones no ayudan a esto les falta algo muy importante. Y por eso es una historia personal, única y distinta en cada relación. Es importante el placer, la sensualidad, el deseo… pero no lo es todo. La vivencia de lo sexual puede ser una forma de comunicación. O puede no serlo. El reto, la buena noticia, es que lo sea.

  •  ¿Hay encuentro en tu vida? ¿Y en tus relaciones?

Sencillos deseos

 

Hoy quisiera tus dedos
escribiéndome historias en el pelo,
y quisiera besos en la espalda,
acurrucos, que me dijeras
las más grandes verdades
o las más grandes mentiras,
que me dijeras por ejemplo
que soy la mujer más linda,
que me querés mucho,
cosas así, tan sencillas, tan repetidas,
que me delinearas el rostro
y me quedaras viendo a los ojos
como si tu vida entera
dependiera de que los míos sonrieran
alborotando todas las gaviotas en la espuma.
Cosas quiero como que andes mi cuerpo
camino arbolado y oloroso,
que seas la primera lluvia del invierno
dejándote caer despacio
y luego en aguacero.
Cosas quiero, como una gran ola de ternura
deshaciéndome un ruido de caracol,
un cardumen de peces en la boca,
algo de eso frágil y desnudo,
como una flor a punto de entregarse
a la primera luz de la mañana,
o simplemente una semilla, un árbol,
un poco de hierba.


(Gioconda Belli)

Amor

«Me has robado el corazón, hermana y novia mía; me has robado el corazón con una sola de tus miradas, con una vuelta de tu collar» (Ct 4, 9)

¿Cabe el sexo sin amor? Seguro que sí, para muchas personas. Pero la propuesta desde la fe es vincularlo. Es entender la vivencia de lo sexual asociado al amor. Frente a lo instantáneo, apostar por lo que construye historias. Lo que es capaz de vivir, con júbilo, los momentos de alegría, pero también de compartir y afrontar las tormentas. Un amor que busca crecer, cambiar, madurar. Pero un amor que necesita y pide delicadeza, gozo, ternura. La propuesta, desde la fe, es vincular la expresión de lo sexual a esa búsqueda tan humana, tan universal y tan honda… la búsqueda de amor: tener esa persona que te quiere y a quien quieres, y vivirlo como una alianza, una promesa, un compromiso. El amor que aprendemos en Dios.

  • ¿Amas?

Amor


Lo soñé impetuoso, formidable y ardiente;
hablaba el impreciso lenguaje del torrente;
era un mar desbordado de locura y de fuego,
rodando por la vida como un eterno riego.


Luego soñélo triste, como un gran sol poniente
que dobla ante la noche la cabeza de fuego;
después rió, y en su boca tan tierna como un ruego,
soñaba sus cristales el alma de la fuente.


Y hoy sueño que es vibrante y suave y riente y triste,
que todas las tinieblas y todo el iris viste,
que, frágil como un ídolo y eterno como Dios,

 

sobre la vida toda su majestad levanta:
y el beso cae ardiendo a perfumar su planta
en una flor de fuego deshojada por dos....



(Delmira Augustini)

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