Estos días se ha hecho viral un vídeo de una familia cantando. Tal cual. Una canción no especialmente conocida de hace años, donde sus miembros interactuaban con bastante entusiasmo, incluso con sus madres, generando así bastante buen rollo. Y sería por sus cruces, por ser familia numerosa, por su vestimenta o por su pasión, pero ha dado bastante que hablar -haters incluidos-.
El vídeo es simpático de ver, y a mí me hizo esbozar una sonrisa, sobre todo para los que nos gusta la cultura campamental unidos en torno a la música informal. Pero quizás lo sorprendente es que una familia tradicional cantando junta, unida y feliz en unas vacaciones de verano sea noticia. Quizás nos hemos acostumbrado a que cada uno vaya por su cuenta, miren todo el rato las pantallas, atiendan más a sus mascotas y no compartan nada en común. Recuerda aquella cita de Chesterton que decía que «Lo más extraordinario del mundo es un hombre ordinario, una mujer ordinaria y sus hijos ordinarios».
Lo más maravilloso de todo, es que esta escena no llega de la nada. Para conseguir un momento así, se requiere haber cantado mucho tiempo juntos, haberse querido en lo cotidiano y haber aprendido lo importante que es formar una buena familia. Algo que requiere tiempo, amor y mucha dedicación. Ojalá tengamos más familias como esta, capaces de recordarnos con una canción lo extraordinario habita en lo más ordinario.
