Ha habido y hay quien rechaza o quiere olvidar esta promesa hecha por el Sagrado Corazón al P. Hoyos, sj. También están los que la utilizaron y utilizan para sus propios fines e intereses. Unos y otros desconocen u olvidan que, antes de estas famosas palabras, Jesús dijo al beato jesuita “aquí habitaré, pues lo he elegido”, comentando el joven “dióseme a entender que no se me daban a gustar las riquezas de este Corazón para mí sólo, sino para que por mí las gustasen otros”.
Que el Corazón de Jesús quiera reinar en España con más veneración que en otras partes es un misterio y una responsabilidad. Un misterio que no nos podemos apropiar, pensando que se trata de algo excluyente, puesto que, como todas las cosas de Dios, no es para nosotros, sino para los demás. Un misterio que no depende tanto de la idiosincrasia del pueblo español, cuanto del amor infinito y desbordante del Señor. Un misterio que no se mide por la cantidad de detentes que llevemos en el móvil, pero que a la vez se muestra en cómo esta devoción (que algunos daban por perdida) crece y se propaga entre los jóvenes con un entusiasmo semejante al de Bernardo Francisco de Hoyos.
Y una responsabilidad porque el “lugar” desde el que el Corazón de Cristo quiere reinar en España no es otro que los corazones de los creyentes. Un reinado que nos pide vivir desde su mansedumbre y humildad. Y que nos impulsa a contagiar a los demás con este amor, para que efectivamente, por nuestro modo de vivir, pueda reinar aquí con más veneración que en otras muchas partes.



