Gracias por la tormenta
«No penséis que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada». (Mt 10, 34)
La tormenta asusta. En esos momentos creo que me voy a hundir. Y me desinstala. Pero también me despierta. Me hace vivir, luchar, revolverme si algo no me gusta o me duele. Me hace levantar la cabeza, el corazón, los brazos, preparado para defenderme de lo que amenaza, o para afrontar lo difícil. La tormenta es el mal de amores, las relaciones complicadas, las discusiones familiares, el agobio de los estudios, la incertidumbre sobre mi vida o mi futuro y tu evangelio cuando se me vuelve espinoso. Todo eso es la tormenta…
… Pero en ella no estoy solo, porque Tú estás conmigo.
¿Qué me hace vibrar, pelear?¿Qué me sacude, me remueve, me despierta?
¿El evangelio me provoca algunas veces?
SENTENCIA DE DIOS
Sentencia de Dios al hombre
antes que el día comience:
Que el pan no venga a tu boca
sin que lo sude tu frente.
Ni el sol se te da de balde,
ni el aire por ser quien eres;
las cosas son herramientas
y buscan quien las maneje.
El mar no es lujo de espumas,
sino paridor de peces.
El hondo sol campesino
trabaja a fuego las mieses.
La piedra, con ser la piedra,
guarda una chispa caliente
y en el rumor de la nube
combate el rayo y la nieve.
A ti te inventé las manos
y un corazón que no duerme;
puse en tu boca palabras
y pensamiento en tu frente.
No basta con dar las gracias
sin dar lo que las merece;
a fuerza de gratitudes
se vuelve la tierra estéril
(José Luis Blanco Vega)
