Sentir
«Volvieron los setenta y dos muy contentos y dijeron: Señor, en tu nombre hasta los demonios se nos sometían» (Lc 10, 17)
No quisiera quedarme apático, indiferente a todo, frío, ajeno a Ti, a los otros y a mis propias fuerzas. ¿Qué sería una vida así? Sin tormentas ni remansos de paz. Sin cuestas de enero, en las que parece que el mundo da vértigo, o sin momentos de quietud en los que todo vuelve a su sitio. ¿Qué sería mi vida si no hubiese en ella ilusiones, zozobra, instantes de dicha y otros de desasosiego? ¿Qué sería mi historia sin lágrimas ni risas? ¿Qué sería cada día sin amor o desamor? Gracias por crearme así, sensible, sentimental (que quiere decir capaz de sentir –ojalá mucho–) capaz de vibrar, temblar, volverme loco a ratos...
¿Cuáles son mis sentimientos frecuentes en esta última temporada?
No os olvidéis de nada
Cuando vengáis, no os olvidéis la vida,
mantenida caliente entre los brazos.
No seáis espectadores. A retazos
no la desparraméis por la avenida.
Traedla tal cual es, vida vivida:
doblegada de viento y de zarpazos
arañada; tiesa también con lazos
de paz, de amor, de júbilo prendida.
Venid sin maquillar. Portad la duda,
el desencanto, el grito de protesta.
Vestíos de todo aquello que hoy se lleva.
Pero llegue vuestra alma bien desnuda,
con hambre de banquete, ansia de fiesta,
de par en par abierta a vida nueva.
(Jorge Blajot)
