La calma son esos momentos en que el sentimiento es más cálido. Es el abrazo anhelado que se recibe y se convierte en bálsamo que aquieta y sosiega. Es la palabra que acuna, arropa e ilusiona. Es la alegría tranquila cuando parezco encontrar respuestas. Es el momento de perdón tras una discusión (cuando vuelvo a encontrarme con la mirada que necesitaba). Es el silencio cargado de música. Es la satisfacción por la tarea terminada. Y es tu evangelio cuando me llena de coraje, de empuje, de sentido…
… Y en la calma no estoy solo, porque Tú estás conmigo.
Dónde encuentro la paz?
¿El evangelio es fuente de tranquilidad?¿Cuándo? ¿Qué palabras me serenan?
TU CARTA PARIDORA
Tu carta daba luz a mi sonrisa.
(No en vano desgasté mis dedos
acariciando la esperanza.)
El recuerdo resucitó al tercer párrafo.
Y no me importa, no, haber olvidado.
¿O es que quise olvidar? Ya no me acuerdo.
El caso es que en mi alcoba ya sin flores,
hay perfume de
resucitado idilio;
de tu carta saco punta a una frase ya mi lápiz,
vuelve a oler mi cuaderno a lapicero,
vuelvo a escribir,
a contestar tu carta,
-aunque sé que me saldrá
un poema nuevo-
A lo mejor quererte es mi destino,
yo que alegría galopante tuve,
que me llevó a un contento repentino.
Tu carta daba luz a mi sonrisa,
todo así de sencillo.
(Gloria Fuertes)
