reflexión

¡RESURRECCIÓN YA!

Pequeñas muertes

«Escucha, oh Dios, mi clamor, atiende a mi súplica: desde el confín de la tierra te invoco con el corazón abatido» (Sal 61, 2)

Pequeñas muertes. Las hay. Algunas las he infringido, otras las he sufrido. Unas son fecundas y otras son estériles. Tienen muchos nombres y rostros, y a veces me comen por dentro. Son el compromiso que siempre pide más, el esfuerzo, las horas de entrega aparentemente inútil. Es la impaciencia ante un prójimo que me  cuesta… Son los silencios que me resisto a romper. Son los instantes de vacío, cuando parece que nada tiene sentido, cuando estoy al borde de rendir la fe… y no termino de sentir que has resucitado.

¿Cuáles son mis pequeñas muertes, mis espacios  sepultados, mis heridas incuradas?

Calma chicha

 

Esperando que el viento

doble tus ramas

que el nivel de las aguas

llegue a tu arena

esperando que el cielo

forme tu barro

y que a tus pies la tierra

se mueva sola

pueblo 

estás quieto

 

cómo 

no sabes

cómo no sabes

todavía

que eres el viento

la marea

que eres la lluvia

el terremoto

 

Mario Benedetti

Vivencias pascuales

«Solo en Dios descanso, alma mía, de él viene mi salvación. Él solo es mi roca, mi salvación, mi alcázar; no vacilaré» (Sal 62, 2-3)

Son los momentos de plenitud. Cuando cantan los ojos y el corazón. Cuando los sueños se ven más posibles. Cuando el perdón se da o se recibe, sin condiciones, sin rescoldos de amargura. Cuando de la semilla pequeña brota, imparable, un tronco fuerte. Es la sonrisa tranquila del que no se deja vencer en la tribulación.  Es la palabra que habla verdad y desencadena encuentros. Es la oración que me enciende cuando no encuentro un horizonte claro. Es esa alegría de los que no complican las cosas sencillas. Es el amor que no exige. Es esa resurrección que YA se asoma en nuestras vidas.

¿Dónde empiezo a vivir resucitado?

¿Dónde asoma la lógica de Dios en mi vida?

Que quien me cate se cure

 

Qué inutilidad es ser 

–cualquier profesión discreta–;

no quiero ser florecilla quitameriendas, 

quiero ser quitadolores,

Santa Ladrona de Penas

ser misionera en el barrio 

ser monja de las tabernas 

ser dura con las beatas 

ser una aspirina inmensa 

–que quien me cate se cure–

rodando por los problemas.

Hacer circo en los conflictos, 

limpiar llagas en las celdas, 

proteger a los amantes imposibles, 

mentir a la poesía secreta, 

restañar las alegrías 

y echar lejía a donde el odio alberga.

Si consigo este trabajo, soy mucho más que poeta.

 

Gloria Fuertes

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