Pequeñas muertes
«Escucha, oh Dios, mi clamor, atiende a mi súplica: desde el confín de la tierra te invoco con el corazón abatido» (Sal 61, 2)
Pequeñas muertes. Las hay. Algunas las he infringido, otras las he sufrido. Unas son fecundas y otras son estériles. Tienen muchos nombres y rostros, y a veces me comen por dentro. Son el compromiso que siempre pide más, el esfuerzo, las horas de entrega aparentemente inútil. Es la impaciencia ante un prójimo que me cuesta… Son los silencios que me resisto a romper. Son los instantes de vacío, cuando parece que nada tiene sentido, cuando estoy al borde de rendir la fe… y no termino de sentir que has resucitado.
¿Cuáles son mis pequeñas muertes, mis espacios sepultados, mis heridas incuradas?
Calma chicha
Esperando que el viento
doble tus ramas
que el nivel de las aguas
llegue a tu arena
esperando que el cielo
forme tu barro
y que a tus pies la tierra
se mueva sola
pueblo
estás quieto
cómo
no sabes
cómo no sabes
todavía
que eres el viento
la marea
que eres la lluvia
el terremoto
Mario Benedetti
