reflexión

Maternidad

María, la madre del «Hágase»

«María dijo al ángel: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según su voluntad» (Lc 1,38)

Uno no elige lo que la vida le da. NO se puede vivir a la carta. Uno no va eligiendo en el menú los “platos” que le gustan, y rechazando aquellos que no le interesan. La vida es algo mucho más complejo. No sabemos lo que nos va a deparar el futuro. No podemos anclarnos en seguridades. Como mucho, podríamos tratar de aislarnos en burbujas que alejen de nosotros las incertidumbres o zozobras; pero incluso eso sería quedarse a medias. A veces nos encontraremos con situaciones que no esperábamos, que no queríamos, que no nos gustan o que nos asustan... Y tendremos la opción de cerrar los ojos, mirar  hacia otro lado, esperar a que pasen las tormentas... o aceptar la vida tal y como viene, aprendiendo a luchar.

Hoy en día mucha gente sigue diciendo: “Hágase”, sin que eso signifique ser papanatas que todo lo aceptan. La docilidad ha de ser valiente, creativa, crítica y fecunda. Decir “hágase” es aceptar la vida y tratar de hacerla buena. 

 

¿Hay momentos en que sientes el reto de decir “Hágase”, pero también la tentación de elegir sólo los espacios seguros en la vida?

 

Hágase

 

Padre, me pongo en tus manos; 

haz de mí lo que quieras; 

sea lo que sea, te doy las gracias.

 

Estoy dispuesto a todo; 

lo acepto todo, 

con tal que tu voluntad se cumpla en mí 

y en todas tus criaturas. 

 

No deseo nada más, Padre.

Te confío mi alma, te la doy 

con todo el amor de que soy capaz, 

porque te amo y necesito darme, 

ponerme en tus manos sin medida, 

con una infinita confianza, 

 

porque tú eres mi Padre.

 

Charles de Foucauld

María, la que ve las oportunidades

«Entonces María llamó a los criados y les dijo: “Haced lo que él os diga». (Jn 2,5) 

En Canáan, en aquella boda en la que falta el vino. María ve la necesidad ajena, y las  posibilidades de cambio. Donde otros sólo verían el problema terrible y urgente, y tal vez se echarían las manos a la cabeza, encontramos una persona capaz de ver un curso de acción sorprendente y nuevo, capaz de intuir el milagro, la transformación, la solución llena de vida. Donde otros se quedarían parados, vemos una figura que actúa con resolución. Donde otros se quejarían por lo que va mal, alguien endereza la situación, con moderación, sin estridencia ni griterío. Donde muchos pondrían peros, malas caras, críticas destructivas, María pone respuestas. Y así se mantiene la fiesta.

Hoy en día mucha gente sigue sabiendo mirar al mundo con ojos esperanzados, creativos y nuevos. Donde todo tiende a estar bastante estandarizado, donde hay un exceso de banalidad, hay gente capaz de descubrir las semillas de la belleza, del bien, del amor, y hacer que crezcan.

 

¿Cómo miras tú el mundo? ¿Miras y te fijas con pena en lo que está mal, o vas más allá y ves las oportunidades que hay?

 

Aprender a mirar

 

Quiero ver la planta viva 

en la semilla pequeña, 

la imagen colorida 

más allá de una sombra, 

la mujer feliz 

en la niña que tiembla 

y  el sol 

detrás de la tormenta

 

Quiero oír la canción 

más allá de un acorde, 

intuir el poema 

que inicia una palabra, 

descubrir la novela 

que arranca en esta línea 

y escuchar el susurro 

debajo de los gritos.

 

Quiero vivir, y ver y descubrir 

todo lo que es posible, 

lo que nadie más sabe percibir, 

lo que se intuye pero no se alcanza, 

lo que se sueña y no se construye. 

 

Y amar lo que es posible, 

aunque no esté muy cerca

 

José María R. Olaizola, sj

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