reflexión

En el espejo de Dios

Si me miro con mis ojos

«Se les abrieron los ojos a los dos, y descubrieron que estaban desnudos» (Gen 3, 7)

 

Ya sé lo que veo. Lo de todos los días. Manías, deseos, motivos. Recuerdos, esperanzas. Complejos. Éxitos y fracasos. Vanidad. O autocrítica. Heridas. Ausencias. Buenos y malos momentos. Me pienso con las ideas de siempre. Conozco bien mis palabras. Sé cuáles son sinceras y cuáles no. Sé lo que me gusta de mí y lo que me enerva. En el mapa de mi vida destacan con fuerza unos nombres, y otro se me pasan desapercibidos… si me miro con mis ojos. Si me miro con mis ojos sigo girando, eternamente en torno a mí mismo. (Yo, me, mí, conmigo…).

¿En qué me veo mal?

Poema a ciegas

 

Está faltando la luz y
escribo el poema a ciegas
en la hoja de un viejo calendario.
Por primera vez me doy cuenta
que las palabras son vanas
y vano es nuestro entendimiento
si en la noche la tinta
no logra desprenderse de
la oscuridad del cielo
y mi poema no logra
iluminarme el camino
adentro mío
y si tú no estás conmigo
para darme consuelo
de esta amarga palidez
del alma obscura.

 

(Silvia Favaretto)

Si me lograse ver con tus ojos

«Y creó Dios al ser humano a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó» (Gn 2, 27)

Vería, seguramente, algo distinto. Vería alguien muy amado. Vería posibilidades. Un proyecto. Una misión. Confiaría más. Disfrutaría con lo que es regalo (en lugar de temer perderlo). Celebraría los nombres de mi vida con más libertad. Disfrutaría de las cosas pequeñas sin complicarlo todo. Adquiriría perspectiva para ver también alrededor. Tendría menos miedo. Quizás también vería las sombras reales, como oportunidad y llamada. Así que, Señor, muéstramelo. ¿Qué ves cuando me miras?

¿Qué creo que diría Dios de mí?
¿Qué me invitaría a ver que normalmente se me pasa desapercibido?

Canción satisfactoria

 

Qué bien tu amor aquí para que ladre
y asuste a los leones de la muerte!
Qué bien tu amor velando como un padre
este miedo que tengo de perderte!

 

Qué bien tu amor manando a mediodía
una savia fresquísima y amada!
Qué bien despedazando la agonía
y poniendo esperanzas en la almohada!

 

Qué bien que esté allá lejos, madurando
como un durazno blando de ternura!
Qué bien cuando está cerca, despuntando
como un trozo de Dios, de la amargura.

 

Qué bien en la mañana, despertando
como un Resucitado de ternura...!

 

(Jorge Debravo)

Y si viese a los otros con tus ojos

«Y vio Dios todo lo que había hecho: y era muy bueno» (Gen 2, 31)

… Probablemente también la vida sería mucho más honda, más plena. Aprendería a mirar con tu ternura a los otros –quizás incluso a quienes me resultan difíciles en el trato. Vibraría con las heridas de quienes se sienten abatidos. Me dolería la angustia del hambriento. Celebraría más las fiestas ajenas. Intuiría el caudal de vida que corre por debajo de cada ser humano. Creería de veras en la gente. Descubriría lo amable en cada persona, que en todos hay algo amable. Encontraría motivos para tender la mano antes que para levantar muros.

¿Cómo ve Dios el mundo que me rodea?
¿Cómo ve a mi familia, mis amigos?
¿Cómo ve los conflictos, problemas, tragedias, noticias, historias en torno?

El milagro

 

Esta mañana te he visto distinto
tu paso era danza
tus gestos, poesía
tus ojos rezaban.

 

Esta mañana la he oído
como nunca antes.
Su murmullo era un canto,
sus protestas, un ruego,
su pregunta, plegaria.

 

Y a él le he entendido
quizás por vez primera.
Su enfado es herida,
su dureza, miedo,
su cinismo, derrota

 

Hoy cada rostro
quería contarme una historia
llamándome desde lo hondo de la Vida.
Todas las voces
confluían en un único cántico
que contaba
las dudas, los lamentos,
las fiestas, las declaraciones
de amor
las noches oscuras
los días claros
las equivocaciones
y los sueños.

 

Y ahora, cuando vuelve la ceguera,
me pregunto quién me abrió los ojos.

 

(José María R. Olaizola)

Relacionados