reflexión

Desde la rutina

Caminar atento a lo que surja

«mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?» (Is 43,19)

¿Qué será nuevo este curso? ¿Qué cambiará? ¿Serán personas? ¿Nuevos rostros? ¿Serán cambios en la familia? ¿Será alguna decisión diferente? 

Estallarán guerras y se hará la paz. Y aunque para mí puedan ser la misma noticia de siempre con diferentes protagonistas, para esos protagonistas es algo tan diferente, tan nuevo, tan radical, que no puede pasarme desapercibido.

Algún amigo acabará la carrera, o encontrará trabajo, o se enamorará. Y aunque para mí todo sea parte de la misma sucesión de hechos puntuales, para ese amigo será algo definitivo, diferente, especial, y no puede pasarme desapercibido.

Y tal vez también para mí la rutina dé paso a algo diferente, distinto, nuevo, sorprendente, inesperado, que ahora mismo está lejos de mi mente o de mi imaginación. Tal vez este curso será único. Tal vez, seguro, hay mil palabras, gestos, hechos sorprendentes esperando llenar de matices mi vida.

¿Cuales son tus rutinas?

¿Hay en ellas espacio o cabida para que irrumpa lo nuevo?

Todo cambia

 

Cambia lo superficial

Cambia también lo profundo

Cambia el modo de pensar

Cambia todo en este mundo

 

Cambia el clima con los años

Cambia el pastor su rebaño

Y así como todo cambia

Que yo cambie no es extraño

 

Cambia, todo cambia

Cambia, todo cambia

 

Cambia el sol en su carrera

Cuando la noche subsiste

Cambia la planta y se viste

De verde la primavera

 

Cambia el pelaje la fiera

Cambia el cabello el anciano

Y así como todo cambia

Que yo cambie no es extraño

 

Pero no cambia mi amor

Por más lejos que me encuentre

Ni el recuerdo, ni el dolor

De mi pueblo y de mi gente

 

Y lo que cambió ayer

Tendrá que cambiar mañana

Así como cambio yo

En esta tierra lejana

 

Cambia, todo cambia

Cambia, todo cambia

 

Pero no cambia mi amor

Por más lejos que me encuentre

Ni el recuerdo, ni el dolor

De mi pueblo y de mi gente

 

Cambia, todo cambia

Cambia, todo cambia

 

Julio Numhauser 

Dios y la rutina

«Dice el Señor: Este pueblo se me acerca con la boca y me glorifica con los labios, mientras su corazón está lejos de mí, y su culto a mí es precepto humano y rutina» (Is 29,13)

Supongo que algo semejante puede pasarme con Dios. Tal vez mi fe, mi relación con Dios, pueda tener también la misma dinámica de hábitos. Ahora comienza el curso, luego llegará el adviento y la esperanza, más tarde la cuaresma y la conversión, al fin la alegría de la resurrección... Tendré momentos de frialdad y otros de más fe. Cuando lleguen los problemas rezaré con más intensidad, si hay algún disgusto serio entonces me volveré a Dios con un “¿por qué?”, o un “por favor” en el borde del corazón. Pero quizás en algún momento un pasaje del evangelio, una lectura inesperada, una homilía acertada, un testimonio sincero, una voz honesta, me hagan sentir la presencia fascinante y sorprendente de Dios, su envío a este mundo,  el sueño de la creación, la paz, la justicia, el evangelio; tal vez en el momento más inesperado pueda encontrarme con Dios de un modo más vital, más provocador o más profundo. 

¿Cuales son tus rutinas en la fe? ¿Das a Dios la oportunidad de ser inesperado?

Sábado

 

Me levanté temprano y anduve descalza

Por los corredores: bajé a los jardines

Y besé las plantas

Absorbí los vahos limpios de la tierra,

Tirada en la grama;

Me bañé en la fuente que verdes achiras

Circundan. Más tarde, mojados de agua

Peiné mis cabellos. Perfumé las manos

Con zumo oloroso de diamelas. Garzas

Quisquillosas, finas,

De mi falda hurtaron doradas migajas.

Luego puse traje de clarín más leve

Que la misma gasa.

De un salto ligero llevé hasta el vestíbulo

Mi sillón de paja.

Fijos en la verja mis ojos quedaron,

Fijos en la verja.

 

Alfonsina Storni

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