reflexión

Como de costumbre

Dios en lo de siempre

«Es bueno dar gracias al Señor, proclamar por la mañana tu lealtad y tu fidelidad de noche»  (del salmo 92)

A veces me agobia volver a “lo mismo”. Pero también es verdad que la vida no puede estar hecha de una constante novedad, de una búsqueda vertiginosa de nuevas sensaciones, proyectos distintos, horizontes diferentes… Hay espacios familiares, dinámicas ya conocidas, gestos de siempre que quizás se me pasan desapercibidos, tal vez porque llevan ahí mucho tiempo… Y, sin embargo, ahí está el Dios fiel que forma parte de mi vida. En los amigos que siguen llamando o mandando un correo de vez en cuándo. En la pregunta de siempre, al llegar a casa: “¿Qué tal va todo?”. En la lucha con los alumnos, o con los profesores, depende de qué lado del aula ocupe uno. En las interminables reuniones donde parece que tratamos lo mismo año tras año. Dios está ahí. Llamándome, diciéndome, esperándome.

¿Qué es para mí lo de siempre, lo familiar?

¿Tal vez ahí Dios me habla, en lo de siempre?

A veces quedo sola

 

El porqué estoy vendada diré luego.

Tenía poca luz dentro del tipo,

-pensaba en machacar ciertos cerebros-,

vi una rosa d epronto, una rosa,

y una oruga a su lado,

y un niño abajo jugando al peón.

Había llovido,

el aire estaba limpio y daba gusto,

la vecina de abajo recibía  a sus hombres,

un viejo llevaba nietos en las manos.

Otra nube llovía,

una muchacha de servir cantaba.

Entonces vi la Luz en todo esto,

Dios estaba en el aire y en la lluvia.

¡No hay derecho –grité- a estar tan triste!

El porqué estoy vendada diré ahora:

con el puñal regalo de una amiga,

un pequeño pinchazo en  este muslo

por ver si Dios me entraba por el cuerpo.

 

Gloria Fuertes

 

Dios en lo nuevo

«Mi alma está sedienta del Dios vivo, ¿cuándo veré tu rostro?» (salmo 42-43)

Y al tiempo, no deja de sorprenderme. No me permite anclarme, amoldarme, cerrar los ojos a rostros nuevos, historias diferentes, sueños que surgen. Dios me habla desde los problemas que brotan por primera vez, y desde los nuevos pasos de mi historia. Desde los rostros que aparecen ahora en mi vida. Desde las lecciones que he aprendido últimamente. Desde mi última equivocación. Desde un libro que me despierta emociones y una propuesta que me invita a adentrarme en terrenos desconocidos. Dios está ahí. Llamándome, diciéndome, esperándome.

Vuelvo a nacer en ti

 

Vuelvo a nacer en ti:

Pequeña y blanca soy… La otra

-la obscura- que era yo, se quedó atrás

como cáscara rota,

como cuerpo sin alma,

como ropa

sin cuerpo que se cae…

 

¡Vuelvo a nacer! Milagro de la aurora

repetida y distinta siempre…

Soy la recién nacida de esta hora

pura. Y como los niños buenos,

no sé de dónd evine.

 

Silenciosa 

he mirado la luz- tu luz- 

¡Mi luz!

Y lloré de alegría ante una rosa

 

Dulce María  Loynaz

 

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