
reflexión
Cuestión de perspectiva
Los dramas que son menos
«El Señor me contestó: Mentira profetizan los profetas en mi Nombre; no los envié, no los mandé, no les hablé; visiones engañosas, oráculos vanos, fantasías de su mente es lo que profetizan» (Jer 14, 14)
¿A quién no le ha ocurrido alguna vez? Imaginas, piensas, sientes, acaso sufres por algo que, en lo personal, te duele. Puede ser una relación complicada, un amor tormentoso, un suspenso, un proyecto que no termina de materializarse. A veces hay que buscar distancia. Darse cuenta de que, en medio de todo lo que ocurre, mi historia es importante, pero no es absoluta. Y que, al lado de otras muchas historias y vivencias, la comparación permite poner un poco de objetividad. Y acaso rebajar el nivel de queja, de drama o de agonía.
¿Alguna vez me he visto así?
El toque delicado
Si toco en mi dolor, todo lo siento
mío, mío, perdido vagamente.
Si toco en el dolor mas de repente
me vuelvo a las estrellas y a lo bello,
yo siento el corazón que aquí me quema
como un mero detalle en el sistema.
Gabriel Celaya
Tus aciertos y errores
«Así no seremos niños, juguete de las olas, zarandeados por cualquier ventolera de doctrina, por el engaño de la astucia humana, por los trucos del error» (Ef 4, 14)
Tampoco hay que pretender la objetividad absoluta. Quizás no estamos capacitados para ella. Parte de nuestra verdad es también el deseo, el anhelo, la educación, el sueño. Parte de nuestra certeza está construida sobre momentos vividos, sobre experiencias, sobre instantes que atesoraremos siempre en la mente y el corazón.
Y ahí queda la tensión necesaria. Entre lo propio y lo universal. Entre lo experimentado y lo conocido. Entre lo que uno comprende y lo que se te escapa. Entre lo que de noche parece posible y por la mañana parece inalcanzable o absurdo.
¿Te pasa que a veces ves las cosas distintas en distintos momentos?
Ni a favor de Platón ni contra ti
Qué más da si quemaste tus días tras ficciones,
si en la arena elevaste tu mundo imaginario,
soñando con tesoros en los golfos de turno.
Qué más da si de noche viste en ellos la vida,
y, a la mañana, no eran lo que ayuda a vivir.
Deja de preguntarte si ha valido la pena
dedicar tantos versos a un tema semejante.
Lo que creías que eran, lo que son, qué más da.
Y qué más da si ahora el sueño no te llega
para reconciliarte con los otros, los míticos,
y rogarles, si tienen sentimientos, que sea
mañana, para ti, qué más te da, un día
distinto,
al fin distinto.
Pedro Gandía


