Esta canción es un homenaje a José María “El Chava” Jiménez, ciclista abulense conocido por su valentía en las montañas. Sin embargo, más allá del deporte, la letra invita a reflexionar sobre las cuestas de la vida. En ellas, como en el ciclismo, descubrimos quiénes somos cuando nos dejamos la piel en cada pedalada. La fe también se forja en la subida: en el esfuerzo, en la esperanza y en la confianza de que, aunque la cuesta sea larga, hay algo que nos sostiene. Como dice la canción: “Hay montañas que te enseñan quién eres”. Un recordatorio de que, en cada subida, Dios nos espera y que la dificultad es también escuela.
Subiendo como "El Chava Jiménez"
Te echo de menos,
me duele porque no estás.
Las letras más bonitas
ya están escritas,
pero quiero recordarte
como eras.
La cuesta se hace larga,
más de lo que debería,
pero miro hacia delante,
como a ti te gustaría.
Y voy subiendo
como El Chava Jiménez.
Hay montañas
que te enseñan quién eres.
Cueste lo que cueste,
aprieto los dientes.
Hay montañas
que te enseñan quién eres.
Me dejo la piel,
cada curva es una herida.
Pongo el alma en el papel,
como el público pedía.
Ahora las personas
son más rápidas cada día.
Los daños existen,
y tú lo sabías.
Voy subiendo
como El Chava Jiménez.
Hay montañas
que te enseñan quién eres.
Cueste lo que cueste,
aprieto los dientes.
Subiendo
como El Chava Jiménez.
Sigo por la parte más lenta,
lo bajo siempre a tumba abierta,
siempre por la rampa que cuesta,
da igual que me tiemblen las piernas.
Que me tiemblen las piernas:
voy subiendo
como El Chava Jiménez.
Hay montañas
que te enseñan quién eres.
Cueste lo que cueste,
aprieto los dientes.
Hay montañas
que te enseñan quién eres.
Voy subiendo
como El Chava Jiménez.
Hay montañas
que te enseñan quién eres.
Cueste lo que cueste,
aprieto los dientes.
Subiendo
como El Chava Jiménez.
Leiva y la MODA



