Magnifica Humanitas desde la clave de las dos banderas

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León XIV se apoya en dos imágenes bíblicas con las que el Espíritu Santo ilumina el discernimiento de nuestra relación con la tecnología y con la revolución digital en curso: la construcción de la torre de Babel y la reconstrucción de los muros de Jerusalén. La primera nace de la voluntad de poder y se asienta sobre el engaño de construir un mundo sin referencia a Dios. Su fruto una sociedad uniforme que no da cabida a la diversidad, ni a la comunión. La segunda nace de la escucha humilde de un líder que suscita la cooperación de un pueblo que se corresponsabiliza en una obra que tiene a Dios en el centro y reconstruye los vínculos incluso antes que las piedras, suscitando comunión.

Quienes hemos hecho los Ejercicios Espirituales de San Ignacio reconocemos “las dos banderas”: Babilonia y Jerusalén, la llamada a discernir que nos acechan en el seguimiento de Cristo, entendiendo la vida como un combate espiritual en el que nos jugamos la vida verdadera.

La encíclica nos ofrece un nuevo imaginario para meditar las dos banderas. San Ignacio bebía de una imagen idealizada de la “cruzada” como guerra justa que podía contraponer a otras formas de guerra injusta. Magnifica Humanitas nos pone en guardia contra toda guerra, atento al potencial destructivo de la tecnología y a la deshumanización que facilita el uso de la IA. No se cansa de clamar por “una IA desarmada”. Merece la pena leer muy atentamente todo el capítulo quinto.

Baste esto: el esquema de “las dos banderas” arroja una luz muy interesante sobre Magnifica humanitas. A la vez, León XIV nos ayuda a meditar “las dos banderas” desde un imaginario distinto al de San Ignacio, muy sugerente en el mundo de hoy.

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