La figura de J. H. Newman siempre me resultó curiosa. ¿Cómo pudo llegar a ser nombrado Cardenal por el papa León XIII alguien que había sido pastor anglicano y jefe del movimiento de Oxford?
La lectura de este libro permite un acercamiento a la historia, pensamiento y escritos del cardenal Newman. Fue un cristiano que supo leer los signos de los tiempos, escuchar y cumplir la Voluntad del Espíritu Santo. Supo sobre todo transmitir en sus homilías y literatura una profundidad teológica, que se adaptó a las personas mucho menos letradas que él.
“La oración es para la vida espiritual lo que las pulsaciones o la respiración para la vida del cuerpo. Hay que reservar momentos especiales para rezar más sistemáticamente y con más fervor. La oración y alabanza en común, con un gran número de personas en asamblea, siguiendo formas ordenadas, previenen de la subjetividad y afectividad exageradas. La predicación es un medio que debe ayudarnos a centrar la atención en Dios y no en nosotros. No podemos rezar como desahogo o con oraciones improvisadas. Fijémonos en cómo rezaban los santos: con el breviario, ese maravilloso y atractivo monumento de la devoción católica”.




