Y dijo al hombre que tenía la mano seca: Levántate, y ponte en medio. Y él, levantándose, se puso en pie. Entonces Jesús les dijo: Os preguntaré una cosa: ¿Es lícito en día de reposo hacer bien, o hacer mal?, ¿salvar la vida, o quitarla?.
En este Evangelio solemos fijar la mirada en cómo el Señor se dirige a los fariseos y los pone un poco contra las cuerdas, cuestionándoles si en sábado se puede curar o no. Sin embargo, eso no es hoy el centro de mi oración, sino el «Levántate y ponte en medio».
El Señor nos interpela directamente a nosotros: a los heridos, a los imperfectos, a sus hijos, a quienes quiere salvar. Y nos dice: “Levántate”, qué significa levantémonos, pongámonos en acción en el mundo, y “ponte en medio”. Pero, Señor, ¿en medio de qué?
En medio de un mundo donde la pobreza y la desigualdad siguen estando muy, muy presentes. «Levántate y ponte en el centro», en el centro del sufrimiento del hermano, en el centro de las injusticias.
Solo así el Señor nos salvará, porque Jesús murió en el centro de la cruz, defendiendo y amando las fronteras, y eso es lo mismo que nos pide ahora.
Nos dice que, para salvarnos, nos pongamos en acción y nos embarrémonos, que nos metamos en el centro de la cuestión; que lleguemos a Él a través de los pobres y del sufrimiento de los otros, pero no observándolo desde lejos, no permaneciendo distantes, sino estando ahí, con ellos, en el centro de todo y siempre desde el centro: el amo
