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“Dios te ama como eres, pero te sueña mejor”. León XIV nos dejó esta frase para la memoria durante su visita, el pasado 10 de junio, a la cárcel de Brians. Estas palabras recogen una tensión que atraviesa nuestras vidas. Somos criaturas amadas con un amor infinito, en nuestras luces y en nuestras sombras, pero Dios siempre nos invita a un amor mayor.
Hablar del pecado no es fácil. Durante demasiado tiempo se presentó asociado a un exceso de culpabilización y al castigo. Quizá por eso el péndulo de la historia nos llevó a no nombrarlo y a quitarle peso. Sin embargo, el pecado existe. Es aquello que rompe nuestra relación con Dios, con los demás y con nosotros mismos. Está en el daño que hacemos, en el bien que dejamos de hacer y en nuestra participación, de manera consciente o inadvertida, en las heridas sociales y ecológicas del mundo.
La Primera Semana de los Ejercicios nos invita a mirar esta realidad, pero lo hace poniendo en el centro la misericordia y el amor de Dios, no nuestros errores.
Nuestra identidad cristiana se cimenta en sabernos criaturas amadas, reconocer nuestra fragilidad y aceptar la mano tendida de Jesús, que nos anima a levantarnos y seguir en camino. Jesús se acerca, nos devuelve la dignidad y vuelve a contar con nosotros para algo mayor.
Levántate y anda es una oportunidad para que nuestro alumnado descubra que es amado como es, pero también que está llamado a crecer; que no todo vale, pero que ningún error está por encima de su dignidad. Es una invitación a crecer en una autoaceptación sin conformismos, en una responsabilidad que no encierra en la culpa, pero se concreta en compromisos, y en un perdón que nos envía a reconciliar un mundo herido.
Levántate, el amor de Dios es más grande que tu fragilidad. Y anda, responde a ese amor con tu vida. Reconciliados por Dios, porque su SÍ es mucho mayor que nuestros noes. En un mundo herido, porque Él cuenta contigo.