Una cosa que, desgraciadamente, se está perdiendo en nuestra sociedad es el aburrimiento. El simple hecho de estar un rato sin hacer nada, pensando en tus cosas y nada más que eso, sin hacer otras cosas a la vez ni tener música de fondo.

Digo desgraciadamente porque, históricamente, el aburrimiento ha sido fruto de grandes cambios en la sociedad. De él han surgido ideas nuevas que han mejorado nuestras vidas. Cuando nos aburrimos, pensamos; y cuando pensamos en lo que queremos o en lo que nos falta, se nos ocurren ideas para conseguirlo, entre otras muchas cosas.

Tenemos miedo a aburrirnos porque vivimos adictos. Adictos al móvil, a la tele, a la música, a las compras… Adictos a los estímulos externos constantes. Y claro, ¿cómo no vamos a engancharnos a algo que nos muestra lo que nos gusta sin más límites que los que nosotros mismos queramos poner? Quizá este sea uno de los motivos por los que tanto nos cuesta encontrar esa paz interior que parece escasear en nuestro mundo.

La tecnología avanza un paso y nosotros, con la experiencia, aprendemos a utilizarla. El problema es que, en el tiempo que la tecnología ha dado veinte pasos, nosotros solo hemos dado dos o tres. Y así vivimos con miedo a aburrirnos, porque cuando lo hacemos «sobrepensamos» o «solo nos vienen cosas malas a la cabeza». Entonces recurrimos al móvil, la forma más fácil y rápida de silenciar esos pensamientos. Pero quizá el problema no sea lo que aparece cuando guardamos silencio, sino todo el tiempo que llevamos sin escucharlo.

Nuestro cerebro y nuestro corazón nos están pidiendo atención a gritos. Y cuando, por fin, les hacemos un poco de caso, nos agobiamos, no sabemos qué hacer con lo que sentimos y volvemos a ignorarlos. Así, el ruido de fuera nos evita escuchar lo que llevamos dentro.

Quizá necesitemos hacer nuestra vida un poco más aburrida. Regalarnos diez minutos de silencio al día, sin hacer nada, sin intentar llenar cada segundo. Al principio puede que nos cueste, que aparezcan pensamientos incómodos o que sintamos la tentación de coger el móvil. Pero no hace falta resolverlo todo en esos diez minutos. Basta con aprender a estar.

PastoralSJ
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