En las últimas semanas, algunos futbolistas han entrado en su particular campaña para captar votos y ganar el Balón de Oro. Hablan abiertamente de sus virtudes y sus logros, casi exigiendo el reconocimiento, como si recibirlo fuera no solo lógico, sino justo.

Reconozco que esa actitud me chirría. Saber reconocer nuestras capacidades y valorar lo que hemos conseguido forma parte de una autoestima sana. Pero hay un salto entre valorar lo que uno vale y exigir que los demás lo premien.

Pero quizá también me incomoda porque, aunque no aspire a ningún Balón de Oro, reconozco en mí esa misma necesidad de reconocimiento. A veces esperamos que los demás vean nuestro esfuerzo, valoren lo que hacemos o nos den el lugar que creemos merecer. Y cuando eso no llega, cuesta que no aparezca el reproche.

La vida cristiana nos invita a vivir desde otra lógica. Agradecer lo que somos y lo que hemos recibido, y ponerlo al servicio. La vida espiritual tiene mucho de aprender, una y otra vez, a apartar nuestro ego del centro y poner ahí a Dios y a los demás. Ese es el partido de cada día en el que nos la jugamos.

Jesús no nos llama para ser los mejores del mundo, sino a ser mejores para el mundo.

PastoralSJ
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.