El papa León o cómo construir desde el amor

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No sé si cabe añadir más palabras a lo que ha dicho el papa y otras tantas personalidades destacadas, como Felipe VI o Antonio Banderas. Y quizás, como ocurre en algunos medios, opinar supone tergiversar un mensaje hermoso de por sí y demasiado elocuente. Por eso me gustaría poner el foco en los efectos de esta palabras, y en la presencia del papa, que no deja de ser el Vicario de Cristo.

Lo vemos en la juventud y en el contraste con nuestros políticos y en la encomiable respuesta del pueblo de Madrid. La ejemplaridad de un comportamiento donde no hace falta ni antidisturbios ni controles antidrogas ni protocolos antibotellón. En el fondo la razón es muy sencilla, lo que funciona desde el amor cristiano –y no desde el interés, la sensualidad o el resentimiento– es la alegría lo que prima, y eso se nota.

Es un aprendizaje tan obvio que no lo podemos olvidar, estemos en el parlamento, en la calle o en la universidad. El amor cristiano nos hace mejores y hace de la vida y del mundo un lugar mejor. Lástima que no lo queramos ver, qué prefiramos el odio a la concordia, la tristeza a la felicidad, la mentira a la verdad y la ideología a la propia realidad. Por eso, quizás más que nunca, lo que necesitamos, escuchando a León, es una profunda y auténtica renovación moral. Empecemos por nosotros mismos.

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