“La paz esté con vosotros”, pronunció hace un año desde el Balcón de las Bendiciones. Le escribo como parte de una generación que tiene la capacidad de ver a través de una pantalla lo que pasa en el resto del mundo, y nos unimos a usted para seguir pidiendo algo que todos anhelamos, pero cada vez parece más difícil: la paz.
Conociendo la palabra de Dios, sabemos que la paz es posible, pero le confieso nuestra angustia: ¿por qué cada vez está más lejos? Crecemos viendo conflictos armados, una polarización extrema y una desigualdad injusta. Hoy le escribo con el corazón encogido, pero lleno de fe, para saber: ¿qué podemos hacer nosotros?
Nos sentimos muy pequeños ante la magnitud de este sufrimiento global, incluso a veces con la vergüenza de nuestra capacidad de seguir adelante con nuestra vida. ¿Cómo podemos ser luz en medio de tanta oscuridad? ¿Cómo nos transformamos en acción?
No queremos conformarnos. Queremos ser manos que construyen el mundo nuevo que Dios soñó. No queremos ser una generación marcada por la indiferencia o el miedo. Santo Padre, ayúdenos a encontrar la valentía suficiente para tender puentes allí donde otros se empeñan en levantar muros.



