«Todos los pueblos forman una comunidad, tienen un mismo origen, puesto que Dios hizo habitar a todo el género humano sobre la faz de la tierra, y tienen también un fin último, que es Dios». Así empieza la declaración Nostra Aetate del Concilio Vaticano II y es la idea que vertebra el himno «Alza la mirada» compuesto para la próxima visita del Papa a España, recordándonos asimismo el propio lema del pontificado del Papa León XIV: «IN ILLO UNO UNUM» («En el único Cristo somos uno»).

Somos uno, formamos una única comunidad, una única familia humana. Irónicamente, en un mundo en el que estamos más interconectados que nunca, esta afirmación parece cuanto menos anacrónica. Y es que abrazar esta realidad no es el camino más fácil —ni el más pragmático—, pero es el que nos pide el Dios del amor.

«Alzo la mirada» dice el himno, «mis ojos en Jesús […] clavada en la cruz». Aquí está la clave: que seamos familia no es una utopía, no es una ocurrencia. Es una verdad: somos criaturas amadas de Dios. Y la única forma de entender esta verdad está en Jesús, en la cruz. Es ahí, en su entrega por cada uno de nosotros, donde lo entendemos todo. 

Ver reflejado en Él al hermano que sufre nos tiene que llevar a la unidad, a poder cantar a pleno pulmón «Ell és la roca de la salvació, en ell confio i no tinc por», en Madrid, en Barcelona y en Canarias. Nos tiene que conducir a celebrar nuestras diferencias, a que éstas no nos separen. Ojalá al contemplar la variedad de personas y de culturas que Dios nos ha regalado podamos maravillarnos de la inmensidad de la creación y esto nos acerque a Dios, el «fin último» de nuestra vida.

Te puede interesar