Javier Cercas, novelista español, es invitado al Vaticano para un evento, en el que le ofrecen narrar el viaje del Papa a Mongolia. El escritor, perplejo, no entiende por qué le han elegido, ya que no es creyente.
Cercas, con la habilidad que le caracteriza, mantiene al lector intrigado en el viaje, y se entrevista con distintos personajes a lo largo de libro, tocando temas importantes, polémicos, profundos, filosóficos y también terrenales. Es una lectura muy recomendada tanto para ateos como creyentes y gente abierta a serlo, que quieren saber más sobre la fe, Dios, el Papa Francisco o la Iglesia misionera.
«—¡La solución de Dios! —exclamo, tan perplejo por esas cuatro palabras como por la placidez con que las asume Spadaro—. ¡Saber qué piensa Dios! Increíble, ¿no le parece? Impresionante, ¿no? Saber no cuál es la mejor solución, sino la solución de Dios.
Digo por tres veces «¡Guau!», una interjección que solo uso cuando hablo una lengua que no es la mía. Spadaro asiente levemente, como saboreando mi pasmo. (…) Por fin, tratando de restar importancia a la enormidad que estamos discutiendo, comenta:
—Pero, en fin, eso es la vida espiritual.
Gran silencio. Incapaz de salir del asombro, pregunto:
—¿Y la solución de Dios es siempre la misma para todos?
—No, cada uno tiene la suya —contesta Spadaro—. Todos tenemos una historia personal de relación con Dios, y por tanto la solución de cada uno es distinta. En Bergoglio hay una gran conciencia de la peculiaridad individual, y de la relación singular de la persona con Dios. Esas relaciones nunca son equiparables. Porque las personas no lo son». (p. 284).




