La visita de Joséphine al zoo en la víspera de Navidad con sus compañeros de colegio acaba en desastre. Ni siquiera sus propios padres saben exactamente qué ha pasado y escuchan con atención el relato de su hija. A medida que avanza su narración, queda claro que una catástrofe lleva a otra: aunque las apariencias engañan, los hechos no. La novela mantiene al lector en vilo hasta el final, combinando humor y emoción, y está repleta de guiños sobre nuestra sociedad, la democracia, la educación inclusiva y la importancia del profesorado.
Es un libro que, casi sin darte cuenta, terminas en cuanto lo empiezas. Su lectura es ágil y fluida, ideal para leer en voz alta en familia, como quien cuenta una historia o lee un cuento. La única dificultad puede surgir si se carece de sentido del humor o de flexibilidad de pensamiento, ya que, de manera velada, la obra critica muchos juicios que como adultos hacemos sobre la sociedad en la que vivimos.
“¿Qué nos pasa? ¿Será que las redes sociales y sus algoritmos diabólicos nos tienen tan absorbida la atención que hemos olvidado que funcionan como máquinas tragaperras, robándonos energía, tiempo y concentración?
- “¿A los ciegos se les permite cruzar la carretera? Le pregunté.
- Esto… sí.
- ¿A los ciegos se les permite conducir?
- No.
- ¡Pues ya está! Para cruzar no hace falta mirar, pero para conducir sí.” p. 164




