Una mañana, cuando aún era de noche y las farolas dibujaban círculos tímidos sobre la niebla, iba camino del colegio. El silencio era casi orante. De pronto, algo sencillo detuvo mi prisa: una hoja caía lentamente desde un árbol. Flotaba sin resistencia, dejándose mecer por el aire frío, ya marrón, distante del verde que un día fue. Me quedé mirándola como quien contempla un signo. Pensé que aquella hoja, antes llena de savia, había captado la luz del sol para dar vida al árbol y al mundo, ahora caía quizá exhausta, pero serena, como quien ha cumplido su misión.
Al llegar al colegio compartí la experiencia con dos profesores. Rubén habló del cambio permanente: la vida es tránsito, devenir continuo. Nada permanece idéntico, y sin embargo todo tiene sentido dentro del proceso. Roberto añadió que esa hoja, aun cayendo, seguiría dando vida, al suelo, a la tierra, a lo que vendrá después. Sus palabras resonaron en mí como un eco del Evangelio.
Aquella hoja se convirtió en lugar de contemplación. San Ignacio invita a “buscar y hallar a Dios en todas las cosas”, también en una hoja que cae en la niebla. En ella descubrí el dinamismo pascual del Evangelio: perder para ganar, morir para dar vida. Como el grano de trigo del que habla Jesús, la hoja cae para transformarse y fecundar.
En ese caer silencioso reconocí el tiempo de Adviento, espera humilde y confiada, cuando todo parece detenido pero la vida se gesta en lo oculto. La hoja que cae no es solo signo de final, sino promesa de nacer y renacer, de una primavera escondida en la aparente desnudez. Adviento nos prepara para la Navidad: Dios que se hace pequeño, entra en el ritmo de la vida humana y hace brotar, incluso en pleno invierno, la primavera de la vida nueva.
La experiencia me ayudó a hacer examen: ¿sé aceptar mis propios cambios?, ¿me dejo caer con confianza cuando llega el tiempo? En el silencio de aquella mañana entendí que vivir con fe no es aferrarse, sino confiar en que Dios sigue obrando, incluso, y sobre todo, en lo que parece final… pero no lo es. Que hermoso es crecer a partir de las dificultades y no morir, para vivir en el amor.



