España afronta su enésimo caso de corrupción política, y que no será el último, ni de unos ni de otros. Habrá que guardar la presunción de inocencia, pero también la confianza en la justicia y la esperanza de que sea igual para todos. 

Sin embargo, más allá de este problema endémico y del resultado de la imputación, hay otro asunto que nos debe inquietar: ¿qué necesidad tiene un expresidente del gobierno de ganar tanto dinero? Y da igual que sea de un partido o de otro, ¿acaso no es suficiente un sueldo vitalicio, el prestigio, las conferencias o los derechos de autor? ¿Dónde está la buena voluntad en el mediar cuando en el fondo ganas dinero al susurrar al oído de los poderosos?

Es muy difícil ser neutral, si tienes millones de euros en el banco. Es muy difícil discernir lo que está bien, si tu sales beneficiado de una decisión política. Pero sobre todo es más difícil defender la causa de los pobres, cuando tu sales beneficiado por mediar en algunos problemas.

No es cuestión de legalidad, es cuestión de honorabilidad y de moral, y de seguir el rastro del dinero, para saber qué problemas quitan el sueño a nuestros políticos, y por ende a nosotros que les creemos y les aguantamos.

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