Llevaba varios días intentando poner en palabras lo que significa, para el cristiano, la alegría, pero ni yo mismo lograba sentirme identificado con lo que escribía. Cada frase me resultaba fría… Como si quisiera describir la esencia de la alegría bajo normas y definiciones. Se supone que debería ser algo natural, ¿no?
El Papa Francisco afirmó, en una audiencia con jóvenes Belgas, que “la alegría debe estar siempre presente, porque los cristianos con cara de funeral no funcionan, no son cristianos. Si eres cristiano, tendrás alegría”.
Podríamos traducir esas palabras en que seguir a Dios te hace feliz, porque cuando caminas con Él, descubres que no estás solo, que tu vida tiene sentido, y que incluso en medio de las dificultades, hay una paz y una esperanza que nadie puede quitarte.
Y entonces, ¿por qué no todos los cristianos viven desde esa alegría? En realidad, el mensaje del Papa Francisco, es fácil de entender, pero esconde, en su núcleo, una gran complejidad. Algo muy habitual en el magisterio de profundidad y cercanía que tanto ha caracterizado su Pontificado.
Es complejo porque el Papa, en el fondo, habla de un auténtico sentir que queda patente en la última frase: “Si eres cristiano, tendrás alegría”. No deja lugar a dudas. Pero, en realidad, es algo que debe nacer de una vivencia personal. De una verdadera experiencia cristiana. Y para ello, hay que saber mirar. Saber “ver el mundo a través de la mirada de Dios”.
Es por ello que esa complejidad que esconde el mensaje para unos, se torna en sencillez para aquellos que saben mirar. Porque cuando has sentido la presencia de Dios a través de una oración, de una mirada, de un gesto, de un abrazo,… Te invade una alegría profunda. Discreta pero profunda. Una alegría que aleja de los fuegos artificiales, pero que acerca a la generosidad, el compromiso, la compasión y la paz. Una paz serena.
Porque cuando uno es verdaderamente consciente de esa presencia, es incapaz de seguir a Dios sin alegría. El cristiano está llamado a cambiar la mirada y ver el mundo y a los hermanos a través de la mirada de Dios. Ese es el verdadero camino hacia la alegría.
Porque la alegría es un don del Espíritu.



