Hay nombres que pesan en la boca antes de decirlos. Nada Itrab es uno de ellos. Quien se acerca a su historia, queda descolocado. Su vida lleva impresa la huella de una de esas tragedias que hacen caer cualquier discurso preconcebido. El horror irrumpió en su vida cuando tenía 9 años y de sus escombros, decide no dedicar tiempo a edificar ningún momento de rencor. Decide, sencillamente, rehacerse.
Cuando alguien que lo ha perdido todo se niega a ser definido por el daño sufrido y no devolver la herida recibida, aprende que la reconciliación consiste en rechazar el odio cuando el entorno está exigiendo violencia.
Y así nosotros, espectadores de la realidad, nos informamos sobre conflictos globales, buscando culpables y víctimas, consumiendo titulares. Sin embargo, ponernos delante del testimonio de Nada cambia nuestro ritmo.
El lema de este curso nos interpela con un mandato claro: “Levántate y anda”. Nada Itrab es uno de los mejores ejemplos de este lema. Ella se levantó, se rehízo no para guardar esa restauración en la intimidad de su casa, sino para andar con ella y convertirse en testimonio vivo de que la reconciliación es posible incluso en las tierras más áridas. Su vida desarma nuestras excusas cotidianas.
Leer la vida de Nada Itrab no provoca una emoción pasajera, sino que planta una semilla muy silenciosa, la de la certeza de que educar a nuestros alumnos es enseñarles a vivir en las mismas heridas de Jesús, sabiendo que siempre es posible levantarse, tomar la propia historia y echar a andar de nuevo. Levántate y anda.
