Coger las riendas
«Levantaos y alzad la cabeza, porque se acerca vuestra liberación» (Lc 21,28)
Uno tiene que tomar el timón de muchas cosas. A veces hay que tener iniciativas, pensar en lo que conviene e intentar hacerlo. No puedo estar esperando todo el día a que sean otros quienes llamen, quienes propongan, quienes den pasos a los que sumarme. Con frecuencia me tocará echarme al camino sin tener todas las seguridades, tender la mano al otro en primer lugar; buscar, a los otros, y a Dios… Y si en ese proceso me hieren las cosas, si a veces estoy bien y otras estoy casi rendido, si a ratos me siento fuerte y en otros momentos me envuelve la desazón, no pasa nada. Porque la vida tiene todo eso… En la tormenta y en la calma me volveré a ti, Señor, y te diré: “Señor mío y Dios mío.”
¿Y yo, estoy viviendo, a fondo o pasando por la superficie de los días?
Ímpetu
Mas no todo ha de ser ruina y vacío.
No todo desescombro ni deshielo.
Encima de este hombro llevo el cielo,
y encima de este otro, un ancho río
de entusiasmo. Y, en medio, el cuerpo mío,
árbol de luz gritando desde el suelo.
Y, entre raíz mortal, fronda de anhelo,
mi corazón en pie, rayo sombrío.
Sólo el ansia me vence. Pero avanzo
sin dudar, sobre abismos infinitos,
con la mano tendida: si no alcanzo
con la mano, ¡ya alcanzaré con gritos!
y sigo, siempre, en pie, y así, me lanzo
al mar, desde una fronda de apetitos.
Blas de Otero.
