
Y descubrir la VIDA llena de matices
«El desierto y el yermo se regocijarán, el páramo de alegría florecerá» (Is 35,1)
A veces somos demasiado extremistas. En cuaresma, todo es hablar de conversión, perdón, tristeza... Y ahora en Pascua ¿todo ha de ser felicidad, dicha, cumplimiento, etc? En realidad la alegría de ahora es tal alegría porque las opciones anteriores son reales. Y el pesar de entonces era tolerable porque ya antes creíamos en la Resurrección. Eso es la vida: la apertura a la sorpresa; la capacidad para percibir matices, no sólo absolutos; la riqueza de los tonos grises. La magia de hacer del mundo un lugar hermoso a pesar de tantos obstáculos.
La Resurrección nos habla de eso. Nos habla de un mundo en el que, a pesar de las noticias terribles y trágicas, aún cabe una buena noticia, tan buena que, sin tapar las anteriores, las desborda. Y al tiempo nos recuerda que en el mundo en el que vivimos tendremos que estar abiertos a la sorpresa. Pero que para ser capaces de eso hemos de ser capaces de arriesgar la vida, no necesariamente en actos heroicos o melodramáticos, sino poniendo en juego nuestras convicciones, en lo cotidiano, en lo sencillo, en lo cercano.
¿No tienes miedo a veces de “vivir a medias”? ¿No tienes miedo de quedarte encerrado en burbujas que te impidan ver, oler, sentir, conocer, gustar el mundo, sus gentes, sus posibilidades, su diversidad, sus retos, los valores profundos escondidos en él?
Biografía
La vida que murmura. La vida abierta.
La vida sonriente y siempre inquieta.
La vida que huye volviendo la cabeza,
tentadora o quizá, sólo niña traviesa.
La vida sin más. La vida ciega
que quiere ser vivida sin mayores consecuencias,
sin hacer aspavientos, sin históricas histerias,
sin dolores trascendentes ni alegrías triunfales,
ligera, sólo ligera, sencillamente bella
o lo que así solemos llamar en la tierra.
Gabriel Celaya


