Saltar al vacío
«Hoy cito como testigos contra vosotros al cielo y a la tierra; te pongo delante bendición y maldición. Elige la vida, y viviréis tú y tu descendencia» (Dt 30, 19)
Qué pena un mundo tan lleno de gente que sólo busca seguridades a toda costa. Se empieza queriendo tenerlo todo atado y bien atado, y se termina sin ser capaz de dar ningún paso. Quiero estar tan seguro de Dios, que ni siquiera creo a mi corazón que me dice que merece la pena dar la vida por el sueño del Reino.
Quiero estar tan seguro de mi futuro que olvido vivir mi presente.
Quiero estar tan seguro de tu amor que olvido que el amor es gratuito, frágil y uno lo cuida cada día, no lo ata.
Quiero estar tan seguro de acertar, que no me permito equivocarme.
La Resurrección nos habla de una forma de vivir que es muy diferente. Una forma de vivir que supone incertidumbre, fe, riesgo. Tenemos que ser capaces de saltar al vacío algunas veces en la vida, como Jesús en su Pascua, sin tener controlado lo que habrá al otro lado. Tenemos que ser capaces de adentrarnos en la oscuridad, creyendo que al otro lado hay una luz, aunque no la veamos. Tenemos que soltarnos de muletas que nos impidan caer, pero que no nos dejan tampoco correr.
¿Cuáles son tus sueños más insensatos, más nobles, más esperanzadores para este mundo? ¿Y por qué no creer que todo esto es posible? ¿Por qué no?
Soñamos
Soñamos días de mañana
que nunca llegan.
Soñamos una gloria
que no deseamos.
Soñamos un nuevo día
cuando ese día ya ha llegado.
Huimos de una batalla
en la que deberíamos pelear.
Y sin embargo dormimos.
Esperamos la llamada
sin adelantarnos a ella.
Basamos nuestras esperanzas en el futuro
cuando el futuro no es más que vanos proyectos.
Soñamos con una sabiduría
que evitamos cada día.
Llamamos con nuestras plegarias a un salvador
cuando la salvación está en nuestras manos.
Y sin embargo dormimos.
Y sin embargo dormimos.
Y sin embargo rezamos.
Y sin embargo tenemos miedo.
N. Kleinbaum (El club de los poetas muertos)
