
¡Remansos de paz!
«Saludad con la paz a Jerusalén: Vivan tranquilos tus amigos; haya paz en tus murallas, tranquilidad y compañeros» (Sal 122)
Hay que conquistar espacios de calma. Ganar la batalla a la urgencia. Vencer al vértigo. Aprender a dominar el reloj. Vivir deprisa o despacio, pero sin ir arrastrados. Hay que saber valorar las pequeñas fiestas de cada día: una buena música, una mesa bien surtida, una palmada en la espalda, un esfuerzo conseguido. Y ojalá, dejar a la gente entrar en esos espacios de quietud del día a día.
- ¿Me siento “en control» del tiempo?
- ¿Pueden «mis gentes» compartir los espacios de paz del día a día?
Serenidad
Serenidad, seamos siempre buenos
amigos. Caminemos reposadamente.
La frente siempre sosegada
y siempre sosegada el alma.
Menos mal que bebí de tus venenos,
inquietud, y no me supiste a nada.
El aire se serena, remansada
música suena de acordes serenos.
No moverán la hoja sostenida
con mis dedos, a contra firmamento
en medio del camino de mi vida.
Vísteme de hermosura el pensamiento,
serenidad, perennemente unida
al árbol de mi vida a contra viento.
(Blas de Otero)


