
reflexión
Hay que frenar
Detenerse
«Escúchame esto, Job. Detente y fíjate en las maravillas de Dios» (Job 37, 14)
Pensar por un rato en lo que uno ha hecho. En las conversaciones mantenidas. En los rostros contemplados. En las palabras dichas. En los aciertos y en los errores. En los compromisos adquiridos. En las caricias dadas y en las olvidadas. En las risas y llantos de ahora y de entonces. En los exabruptos contenidos, y en los pronunciados. Detenerse en silencio, sin la urgencia del siguiente paso, la próxima cita, el nuevo encuentro… y preguntarse: ¿qué queda de lo dicho y lo oído? ¿Qué aprendí de los errores y los aciertos? ¿Dónde está la marca de las caricias? ¿A dónde me han llevado los compromisos? ¿Qué puentes se han tendido, y qué caminos se han cerrado? ¿Qué huella ha quedado, indeleble, en algún camino?
¿Cuándo fue la última vez que frenaste conscientemente, para descansar, o examinar la vida, o disfrutar de las cosas para las que normalmente no tienes tiempo?
Tengo tanto sentimiento
Tengo tanto sentimiento
que es frecuente persuadirme
de que soy sentimental,
mas reconozco, al medirme,
que todo esto es pensamiento
que yo no sentí al final.
Tenemos, quienes vivimos,
una vida que es vivida
y otra vida que es pensada,
y la única en que existimos
es la que está dividida
entre la cierta y la errada.
Mas a cuál de verdadera
o errada el nombre conviene
nadie lo sabrá explicar;
y vivimos de manera
que la vida que uno tiene
es la que él se ha de pensar.
Fernando Pessoa
Reposar
«El Señor es quien os da el descanso» (Ex 16, 29)
En una era de voluntarismo, del esfuerzo, de la eficacia… ¿cómo valorar el reposo sin parecer un esteta (o un vago)? Parece que sólo se justifique el descanso si es en relación con haberse agotado antes y con tomar fuerzas para un nuevo asalto de trabajo. Es una curiosa tensión, esta que nos pone entre la actividad y el sosiego, el movimiento trepidante y la quietud gratuita. Un exceso de inactividad nos convierte en haraganes, pero un exceso de esfuerzo nos asemeja a mulas con mucha carga y poco criterio. Conviene valorar el momento de conversación fácil y sencilla; la lectura de un libro que no me dejará huella; el paseo que no va a ninguna parte; la caña con aceitunas y con bromas. La cháchara. La oración sin querer sacar algo de ella; la risa boba; la hora muerta. Porque la eficacia sin gratuidad, la urgencia sin paz o el proyecto sin límites no son los mejores criterios en la vida (aunque, ojo, a la inversa, la gratuidad sin esfuerzo, la paz sin inquietud y los límites sin proyecto tampoco son los mejores asesores).
¿Cuál es tu tiempo 'perdido'?
Juguetes
¡Qué feliz eres, niño, sentado en el polvo,
divirtiéndote toda la mañana con una ramita rota!
Sonrío al verte jugar con este trocito de madera.
Estoy ocupado haciendo cuentas,
y me paso horas y horas sumando cifras.
Tal vez me miras con el rabillo del ojo y piensas:
«¡Qué necesidad perder la tarde con un juego como ese!»
Niño, los bastones y las tortas de barro
ya no me divierten; he olvidado tu arte.
Persigo entretenimientos costosos
y amontono oro y plata.
Tú juegas con el corazón alegre con todo cuanto encuentras.
Yo dedico mis fuerzas y mi tiempo
a la conquista de cosas que nunca podré obtener.
En mi frágil esquife pretendo cruzar el mar de la ambición,
y llego a olvidar que también mi trabajo es sólo un juego.
Rabindranath Tagore


