reflexión

Misión posible

La misión

«Convocando a los Doce... los envió a proclamar el Reino de Dios y a curar» (Lc 9) 

Es algo que te encomiendan. Un encargo que sólo tú puedes hacer. Puede ser imposible si eres Tom Cruise en una película, pero para la mayoría de nosotros nuestra misión es posible. Es real, es necesaria y es urgente. Y viene de muy lejos o de muy dentro, según como se mire (pues en ambos sitios está Dios). Tiene que ver con nosotros mismos y al tiempo con nuestro mundo. Es un encargo delicado e imprescindible. Estamos enviados a humanizar nuestro mundo (sacando lo mejor de nosotros y de otros), y a divinizarlo (haciendo presentes los destellos de Dios en él). Y esto, que queda muy bonito como eslógan, se hace desde lo más cotidiano: respetando la dignidad profunda que todos tenemos y descubriendo en Jesús –y su manera de darse– un camino hacia el rostro del Dios invisible. Ni más ni menos.

De alguna manera siento que hago visible a Dios para otros?

¿De alguna manera hago más humano mi mundo y mi entorno?

 

Palabra Encarnada (I)

 

Tu palabra se hizo carne

Y mi carne se hace hoy palabra tuya, 

tallada con tu brisa de absoluto 

en mi roca de límite y distancia.

 

Soy ágil libertad 

en tu corazón que me anida 

y en tu pensamiento que me crea. 

 

Soy palabra como espada de dos filos 

en tu mano de profeta, 

y palabra de corazón cercano 

en tus ojos de hogar universal.

 

Soy palabra ronca 

de tanto sufrimiento, 

parida por gargantas enlazadas, 

en tu pueblo que grita su gemido.

 

Benjamín G. Buelta, sj

Mi misión

¿Y dónde se concreta eso en mi vida?  No en quimeras o en proyectos etéreos, sino en  los rostros cercanos, en mis propios retos personales. En las encrucijadas de mi vida. En los objetivos sencillos, pero auténticos que voy poniendo –y haciendo evangelio- en mi vida. En las aspiraciones (que son mis búsquedas) y los logros (que son mis huellas). En las semillas que pongo en torno mío. En definitiva, en la manera en que el mundo –y cada lugar-  es distinto (y ojalá mejor) tras mi paso por él.

¿Qué siento que es mi misión en este momento de mi vida?

¿Para qué hago lo que hago? ¿Y tiene Dios alguna palabra en ello?

¿Qué huella puedo dejar en este curso?

 

Palabra Encarnada (II)

 

Soy palabra tuya, nazarena y pobre, 

con olor a tierra mojada de camino, 

y a mar con rumores de salitre 

y gentes en la playa a la deriva. 

 

Soy palabra hecha silencio 

remansada en invierno 

donde todo saber se acaba, 

y nace nueva como flor de primavera 

en el tronco mutilado por la poda.

 

Soy palabra llevada por los vientos 

hasta las puertas y ventanas, 

que se hospeda donde abren, 

o se pierde jugando en cualquier calle.

 

Benjamín G. Buelta, sj

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