reflexión

Menos juicio y más servicio

Menos juicio

«Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: 'Si este fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora'.» (Lc 7, 39)

A veces se me va la vida interpretando, etiquetando, opinando… Tengo que tener una palabra para todo, una palabra definitiva, diferente, especial. Me descubro calificando a las personas, con adjetivos más o menos adecuados (y no siempre benévolos). Puedo ser a la vez fiscal y juez, y a menudo sin necesitar pruebas. Describo las situaciones, diserto sobre nuestra sociedad y no tengo empacho en catalogar al personal –todos encajamos bien en alguna categoría–. Y ojo, que como es importante tener cierta capacidad crítica (y si no estamos perdidos), pues es difícil salir de esta dinámica. Rápidamente inventario al personal por secciones: tibios, brillantes, frívolos, geniales, intensos, vagos, serenos o raros… y así hasta el infinito.

 

¿Me funcionan mucho las etiquetas?

¿Me doy cuenta de que el juicio de Dios está hecho de misericordia, y que siempre salva a la persona?

Demasiados Nombres

 

Se enreda el lunes con el martes

y la semana con el año:

no se puede cortar el tiempo

con tus tijeras fatigadas,

y todos los nombres del día

los borra el agua de la noche.

Nadie puede llamarse Pedro,

ninguna es Rosa ni Maria,

todos somos polvo o arena,

todos somos lluvia en la lluvia.

Me han hablado de Venezuelas,

de Paraguayes y de Chiles,

no sé de lo que están hablando:

conozco la piel de la tierra

y sé que no tiene apellido.

Cuando viví con las raíces

me gustaron más que las flores,

y cuando hablé con una piedra

sonaba como una campana.

Es tan larga la primavera

que dura todo el invierno:

el tiempo perdió los zapatos:

un año tiene cuatro siglos.

Cuando duermo todas las noches,

¿cómo me llamo o no me llamo?

¿Y cuando me despierto quién soy

si no era yo cuando dormía?

Esto quiere decir que apenas

desembarcamos en la vida,

que venimos recién naciendo,

que no nos llenemos la boca

con tantos nombres inseguros,

con tantas etiquetas tristes,

con tantas letras rimbombantes,

con tanto tuyo y tanto mío,

con tanta firma en los papeles.

Yo pienso confundir las cosas,

unirlas y recién nacerlas

entreverarlas, desvestirlas,

hasta que la luz del mundo

tenga la unidad del océano,

una integridad generosa,

una fragancia crepitante...

 

Pablo Neruda

 

Más servicio

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5, 9)

Pero no todo pueden ser opiniones, etiquetas y juicios (o prejuicios). Porque hay que arrimar el hombro para levantar al afligido. Porque hay que abrazar al solitario que no tiene con quién pasar unas horas. Porque hay que amar al desvalido. Hay que cantar una milonga que caliente el corazón frío. Es tiempo de abrir las ventanas de las estancias oscuras. Hay que temblar al acariciar un rostro sediento de ternura. Y llorar con quien grita, desgarrado, compartir su pena y trocarla en esperanza. Partir tu pan con el hambriento, hasta quedar todos saciados. Que entonces la vida cambia, y los pies caminan más ligeros. Entonces todo es distinto. Y mejor.

¿Qué experiencias de servicio hay en mi vida?

¿Qué vidas se tocan con la mía desde ese encuentro real que transforma las cosas?

Fin y principio

 

Después de cada guerra

alguien tiene que limpiar.

No se van a ordenar solas las cosas,

digo yo.

 

Alguien debe echar los escombros

a la cuneta

para que puedan pasar

los carros llenos de cadáveres.

 

Alguien debe meterse

entre el barro, las cenizas,

los muelles de los sofás

las astillas de cristal

y los trapos sangrientos.

 

Alguien tiene que arrastrar una viga

para apuntalar un muro,

alguien poner un cristal en la ventana

y la puerta en sus goznes.

 

Eso de fotogénico tiene poco,

y requiere años.

Todas las cámaras se han ido ya

a otra guerra.

 

A reconstruir puentes

y estaciones de nuevo.

Las mangas quedarán hechas jirones

de tanto arremangarse.

 

Alguien con la escoba en las manos

recordará todavía cómo fue.

Alguien escuchará

asintiendo con la cabeza en su sitio.

Pero a su alrededor

empezará a haber algunos

a quienes les aburra.

 

Todavía habrá quien a veces

encuentre entre hierbajos

argumentos mordidos por la herrumbre,

y los lleve al montón de la basura.

 

Aquellos que sabían

de qué iba aquí la cosa

tendrán que dejar su lugar

a los que saben poco.

Y menos que poco.

E incluso prácticamente nada.

 

En la hierba, que cubra

Causas y consecuencias,

Seguro que habrá alguien tumbado

con una espiga entre los dientes,

mirando las nubes.

 

Wyslawa Szymborska

 

Relacionados

PastoralSJ
Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.