Más servicio

«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios» (Mt 5, 9)

Pero no todo pueden ser opiniones, etiquetas y juicios (o prejuicios). Porque hay que arrimar el hombro para levantar al afligido. Porque hay que abrazar al solitario que no tiene con quién pasar unas horas. Porque hay que amar al desvalido. Hay que cantar una milonga que caliente el corazón frío. Es tiempo de abrir las ventanas de las estancias oscuras. Hay que temblar al acariciar un rostro sediento de ternura. Y llorar con quien grita, desgarrado, compartir su pena y trocarla en esperanza. Partir tu pan con el hambriento, hasta quedar todos saciados. Que entonces la vida cambia, y los pies caminan más ligeros. Entonces todo es distinto. Y mejor.

¿Qué experiencias de servicio hay en mi vida?

¿Qué vidas se tocan con la mía desde ese encuentro real que transforma las cosas?

Fin y principio

 

Después de cada guerra

alguien tiene que limpiar.

No se van a ordenar solas las cosas,

digo yo.

 

Alguien debe echar los escombros

a la cuneta

para que puedan pasar

los carros llenos de cadáveres.

 

Alguien debe meterse

entre el barro, las cenizas,

los muelles de los sofás

las astillas de cristal

y los trapos sangrientos.

 

Alguien tiene que arrastrar una viga

para apuntalar un muro,

alguien poner un cristal en la ventana

y la puerta en sus goznes.

 

Eso de fotogénico tiene poco,

y requiere años.

Todas las cámaras se han ido ya

a otra guerra.

 

A reconstruir puentes

y estaciones de nuevo.

Las mangas quedarán hechas jirones

de tanto arremangarse.

 

Alguien con la escoba en las manos

recordará todavía cómo fue.

Alguien escuchará

asintiendo con la cabeza en su sitio.

Pero a su alrededor

empezará a haber algunos

a quienes les aburra.

 

Todavía habrá quien a veces

encuentre entre hierbajos

argumentos mordidos por la herrumbre,

y los lleve al montón de la basura.

 

Aquellos que sabían

de qué iba aquí la cosa

tendrán que dejar su lugar

a los que saben poco.

Y menos que poco.

E incluso prácticamente nada.

 

En la hierba, que cubra

Causas y consecuencias,

Seguro que habrá alguien tumbado

con una espiga entre los dientes,

mirando las nubes.

 

Wyslawa Szymborska

 

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