reflexión

Lo siento de veras

Cuando vivo a medias

«Al oírlo, el joven se marchó triste, pues era muy rico» (Mt 19, 22)

No hay que aspirar a ser un súper hombre ni un dechado de virtudes. No hay que quererse inmaculado ni infalible. Pero puedo aspirar a vivir con hondura, a abrir los ojos para buscar a Dios en torno y construir su Reino. Puedo amar con entrega total, aunque eso me haga vulnerable. Puedo vaciarme cada día un poco más al irme llenando de evangelio y prójimo. Y a veces soy consciente de vivir de espaldas a todas esas posibilidades, instalado en una medianía apacible, donde nada me inquieta…

¿Dónde están mis medianías?

¿Hay algo de lo que me arrepienta en la vida, o en mi presente?

Aviso

Está seco, sus ramas sin hojas,
su tronco sin ojos,
sus cables sin savia,
se mueve sin amor.
Está seco.
Nada le estremece,
por nada hasta blasfema.
La Bolsa y el Negocio
sólo le hacen vibrar.
Está seco.
Se mete en Ministerios,
administra guardillas,
rebaja los jornales,
que su vida es así.
yo le he visto,
os advierto:
Enterrad a ese hombre
cuanto antes.

(Gloria Fuertes)

Hay que rectificar desde la fragilidad

«Tú, Dios nuestro, eres bueno y fiel, tienes paciencia y gobiernas el universo con misericordia. Aunque pequemos somos tuyos» (Sab 15, 1-2)

Sin soberbia ni dramas. Sin grandes propósitos. La fragilidad de quien se atreve a pedir perdón. La de quien se cubre de ceniza expresando la confianza en que es posible levantarse y ponerse de nuevo en camino, porque hay quien nos sostiene. La de quien es consciente de las flaquezas (propias y ajenas). La de quien acepta los fracasos y sabe seguir adelante. La de quien se atreve a mirar al horizonte para aventurar nuevas rutas, la de quien es capaz de percibir en su vida diaria las heridas, las omisiones y los errores, y siente que es posible corregir el rumbo.

¿Cuál ha sido la experiencia de perdón en mi vida? ¿de perdonar? ¿de ser perdonado?

¿Hacia dónde puedo crecer?

Alza el vuelo

Alza el vuelo, hazte crecer las alas
y cruza los espacios y los tiempos,
–no existirían si tú no los pensaras–,
cierra los ojos, despójate de todo,
encierra el cuerpo y amanece el alma,
despégate de todo lo que pesa,
desata el nudo de las penas agrias,
navega al infinito
por esos mares breves de nostalgias,
coge al vuelo los versos y las risas,
prende al cielo el sol de una mirada,
cargada de no sé qué recuerdos,
asida de no sé qué añoranzas,
recupera los magos y los sueños,
los momentos azules de la infancia,
bautízate de fe y de fantasía,
olvida el suelo y salta
a los confines donde el amor nace,
donde nacen la vida y la esperanza,
donde beben sus versos los poetas,
donde crece la luna a la mañana,
allí donde tiembla el horizonte,
y está la estrella azul y más lejana,
en los parajes mágicos que habita
el corazón del que sufre y del que ama.

(Antonia Álvarez)

 

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