
La mujer que ama
«Simeón los bendijo y dijo a María, la madre: –'Mira, este está colocado de modo que todos en Israel o caigan o se levanten; será una bandera discutida y así quedarán patentes los pensamientos de todos. En cuanto a ti, una espada te atravesará el corazón'.» (Lc 2, 34-35)
Desde el momento en que dice sí, María vivirá volcada en ese hijo que ahora es promesa y un día será maestro. Ella se convertirá en novia cuestionada, en madre joven, en guía de la comunidad, en primera creyente. Y todo ello desde el amor profundo y auténtico por ese Hijo al que sigue, pero no controla, al que quiere, pero no domina, al que enseña, pero no agota. El amor es así, es la capacidad de darse sin atar, de querer sin poseer. El amor es capaz de pasar por tormentas y por días claros. Ojalá, María, aprendamos de ti a amar con verdad.
¿A quién amo?
Cada vez que te amo...
Cada vez que te amo
vida y muerte
están presentes:
amanecer
y noche
paraíso
sepulcro.
(Claribel Alegría)


