Elegir la vida
«El sumo sacerdote le dijo: ---Por el Dios vivo te conjuro para que nos digas si eres el Mesías, el Hijo de Dios. Jesús le respondió: ---Tú lo has dicho.» (Mt 26,63-64)
El camino de Jesús es paradójico. Muchos podrían pensar que se equivoca. Que si calla, si otorga, si elige crear menos polémica, si es prudente, si no va a Jerusalén, o si una vez allí acepta la mano que le tiende Pilatos… entonces seguirá vivo. Y por lo mismo, podrá hacer el bien. «¿Qué vas a ganar con eso, Jesús?, solo conseguirás que te maten» podría muy bien ser el comentario de alguno de sus más cercanos. Pero en su decisión hay una opción y una apuesta por la vida. No por una vida mediocre, sino por una vida vivida desde la libertad, la justicia y la búsqueda de la verdad. También en mi día a día seguramente hay muchos momentos en los que Dios me está llamando en la opción por lo verdadero y lo justo.
¿Hay decisiones exigentes, difíciles, pero que merezcan la pena en tu vida? ¿Cuáles? ¿Por qué?
Camino que uno es (I)
Peregrino,
sólo hay camino,
no más.
Casa y labrantío
no sé si tendrás.
Tierra para sepultura
todos no van a encontrar.
Peregrino,
solo hay camino,
no más.
Camino que uno es,
que uno hace al andar.
Para que otros caminantes
puedan el camino hallar.
Para que los atascados
se puedan reanimar.
Para que los muertos
no dejen de estar.
Camino que uno es,
que uno hace al andar.
Si nos cerca la alambrada,
somos brazos por demás.
Si la noche se te cierra,
enciende la oscuridad
juntando todos los ojos
que van por donde tú vas.
(Casaldáliga)
