reflexión

El mundo cuando conversas

La pregunta en los labios

Jesús se volvió, y al ver que lo seguían, les dijo: «¿Qué buscáis?» (Jn 1, 38)

Si me descuido pierdo la curiosidad, la inquietud, la atención. La prisa puede matar la capacidad de contemplar, y de compartir. Y entonces dejo de preguntarle a la realidad qué esconde tras su fachada habitual. Preguntar al semblante turbado, «¿qué ocurre?». O a la risa contenida «¿qué tienes hoy…?» Sí, vivo a veces demasiado rápido. De un lado a otro, de casa al trabajo, de una tarea a la siguiente… Y me falta la ocasión para hablar un rato con mis gentes, sin temer que el teléfono interrumpa, que el reloj me recuerde que tengo que arrancarme o que las tareas pendientes me llamen.

¿Encuentro espacios para comunicarme de verdad con quienes importan en mi vida, para saber de sus preocupaciones y alegrías, para compartir la rutina, los pequeños o grandes problemas, las historias mínimas?

Nada serán mis palabras

 

Nada serán mis palabras 

si no encuentran otra boca 

que las cante y las olvide 

y las devuelva a la sombra. 

 

Allí quizás amanezcan, 

vagas ciudades ruinosas, 

y a otros solos lleve el aire 

la nostalgia de su aroma. 

 

Nada será lo que soy 

si en los otros no se apoya: 

mi presencia en otro hombro, 

mi esperanza en su congoja. 

 

¡No me dejes amarrado, 

demente, al ánima sola! 

¡Mira que voy a mi infierno 

si no hay pecho que me acoja! 

 

El que pasa me sostenga, 

la voz pueril sea mi roca, 

en ellos soy, y con ellos 

pediré misericordia. 

 

Cintio Vitier

Jesús, un hombre de palabras

«Y la palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros» (Jn 1, 14)

Creo que el Dios que descubro en Jesús es un Dios que habla. Me gusta verle conversando… con los heridos en el camino, atento a su dolor; con los amigos en Betania, relajado y confiado; con el terco Pedro o el inquieto Zaqueo. Me lo imagino hablando con palabras que llegan hondo, y escuchando las historias desgranadas por hombres y mujeres necesitados de encuentro. Supongo que su escucha no es mecánica, sino personal, y su palabra es sincera. Y, en el silencio, querría conversar con Él, y aprender de Él a conversar con otros.

¿Tengo ocasión de 'hablar' con Jesús? De escuchar, en su evangelio, una palabra para mí hoy…

Ocasión de recogerme, y, en la quietud, hablarle de mi vida.

Dos palabras

 

Esta noche al oído me

has dicho dos palabras

comunes. Dos palabras cansadas

de ser dichas. Palabras

que de viejas son nuevas.

Dos palabras tan dulces,

que la luna que andaba

filtrando entre las ramas

se detuvo en mi boca.

Tan dulces dos palabras

que una hormiga pasea

por mi cuello y no intento

moverme para echarla.

Tan dulces dos palabras

que digo sin quererlo

¡Oh! que bella, la vida

Tan dulces y tan mansas

que aceites olorosos

sobre el cuerpo derraman.

Tan dulces y tan bellas

que nerviosos mis dedos,

se mueven hacia el cielo

imitando tijeras.

Oh, mis dedos quisieran

Cortar estrellas.

 

Alfonsina Storni

Relacionados