¿Sacrificio?
«No os olvidéis de hacer el bien y de ayudaros mutuamente; ésos son los sacrificios que agradan a Dios» (Heb 13,16)
En la vida a veces tendrás que tener cierto espíritu de sacrificio para llegar a donde sueñas. Pero ojo, el espíritu de sacrificio no es la inmolación gratuita, ni la renuncia masoca, ni el amargarte, por aquello de parecer más virtuoso. Generalmente los sacrificios, cuando son autoimpuestos e innecesarios, terminan consiguiendo que la persona sacrificada restriegue su virtud como un arma contra los otros. Más bien se trata de implicarte a fondo por algo o alguien que te importa. (¿no es sacrificio lo de nuestros padres en tantas ocasiones?) Y de asumir que en todo camino hay etapas de logros y otras de esfuerzo (como el deportista, que antes de llegar a ningún podio ha pasado buena parte de su vida entrenando…). Es la capacidad de aceptar que, en los proyectos, en los sueños, en los intentos, a veces toca gastarse. La clave está en hacerlo como respuesta, enraizado en la pasión por algo, desde una libertad tranquila, que asume costes en las opciones…
Que nuestro sacrificio sea por algo (y alguien) que merezca la pena. Que abracemos causas dignas, en el fondo porque tenemos en la vida algo que nos apasiona…
Vida, mi vida
Vida, mi vida, déjate caer,
déjate doler, mi vida,
déjate enlazar de fuego,
de silencio ingenuo,
de piedras verdes
en la casa de la noche,
déjate caer
y doler,
mi vida.
Alejandra Pizarnik
