reflexión

A veces hay que soñar

Soñar...

«Sucederá después de esto que yo derramaré mi Espíritu en toda carne. Vuestros hijos y vuestras hijas profetizarán, vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones» Joel 3, 1

A veces me despierto después de haber estado en lugares imposibles, y casi me da pena volver al día a día. En el sueño he pedido perdón a las gentes a quienes he herido, y ya no hay dolor, ni sombras. He volado, libre de ataduras. He sido otra vez adolescente. Mi amigo muerto bromeaba de nuevo conmigo. He visitado espacios que no sé si existen. He viajado ligero de equipaje. Me han sonreído semblantes que me hacían respirar con paz. He llorado de dicha. He abrazado mil vidas. Se han curado las heridas que me afectaban, y las que atravesaban los cuerpos y las almas de mis hermanos. Y, aunque la realidad es a veces más frágil, el sueño me hace recordar que hay muchas metas posibles. Y cuando, ya despierto del todo, reconozco con un poco de nostalgia que se han ido las ilusiones, también descubro, quieto y firme, un rayo de esperanza que no se desvanece.

¿Cuáles son mis sueños?

¿Qué esperanzas laten, calladas, en mi interior?

Si soñaras siempre, si amaras

 

Si soñaras siempre, si amaras

olvidándote, abandonándote...

Pensaría por ti las cosas

dejando que me las soñases.

Con mi velar y tu soñar

el camino sería fácil.

Yo daría los nombres justos

a los sueños que deshojases.

Encontraría para ellos

la voz que los encadenase,

la forma exacta, la palabra

que los llena de claridades.

Me acercaría hasta ti como

si fueses una orilla madre.

Y qué descanso dar al alma

sombras que el alma apenas sabe.

Yo no diría de ti: era

blanca y hermosa y joven y ágil;

tenía bellos ojos tristes

abiertos sólo a realidades

Yo diría de ti: es mi fresca

raíz que de los sueños nace,

la música de mis palabras,

el hondo canto inexplicable,

la prodigiosa primavera

que en las hojas recientes arde,

el corazón caliente que ama

olvidándose, abandonándose.

Tú lo sabrás un día. Entonces

será demasiado tarde.

 

José Hierro. De Alegría 1947

 

... y creer

«Jesús, mirándolos fijamente, les dijo: 'Para los hombres es imposible. Pero no para Dios, porque nada es imposible para Dios'» Mc 10, 27

No quiero pensar que es sólo un sueño, ni convertirlo en una ilusión imposible. Hay muchas metas posibles. Hay muchos caminos que hollar, infatigable. Hay que creer en lo posible. Con mayúsculas y sin rebajas: la Paz  y el Pan para todos; la Casa donde siempre hay estancias libres para el desvalido; los Brazos que nunca se retiran, prestos a sostener siempre al que se desmaya; el Amor en las vidas; crecer con Sentido; Servir a quien necesita una  Palabra amiga, un Corazón cercano y un Hogar acogedor; Dios que nunca nos abandona. Tal vez, como los sueños, estos deseos no terminan de materializarse. Quizás a ratos se evaporen, o me pierda en lo cotidiano, pero me alegro de que estén ahí, como aquellas constelaciones que guiaron caminantes en noches oscuras. Como un mapa que me ayuda a descubrir esos parajes donde somos más Hijos y más hermanos.

¿En qué creo?

¿Qué horizontes me empujan a avanzar en la vida?

¿Hacia dónde voy? ¿A qué?

Posibilidades

 

Prefiero el cine.

Prefiero los gatos.

Prefiero los robles a orillas del Warta.

Prefiero Dickens a Dostoievski.

Prefiero que me guste la gente

a amar a la humanidad.

Prefiero tener a la mano hilo y aguja.

Prefiero no afirmar

que la razón es la culpable de todo.

Prefiero las excepciones.

Prefiero salir antes.

Prefiero hablar de otra cosa con los médicos.

Prefiero las viejas ilustraciones a rayas.

Prefiero lo ridículo de escribir poemas

a lo ridículo de no escribirlos.

Prefiero en el amor los aniversarios no exactos

que se celebran todos los días.

Prefiero a los moralistas

que no me prometen nada.

Prefiero la bondad astuta que la demasiado crédula.

Prefiero la tierra vestida de civil.

Prefiero los países conquistados a los conquistadores.

Prefiero tener reservas.

Prefiero el infierno del caos al infierno del orden.

Prefiero los cuentos de Grimm a las primeras planas

      del periódico.

Prefiero las hojas sin flores a la flor sin hojas.

Prefiero los perros con la cola sin cortar.

Prefiero los ojos claros porque los tengo oscuros.

Prefiero los cajones.

Prefiero muchas cosas que aquí no he mencionado

a muchas otras tampoco mencionadas.

Prefiero el cero solo

al que hace cola en una cifra.

Prefiero el tiempo insectil al estelar.

Prefiero tocar madera.

Prefiero no preguntar cuánto me queda y cuándo.

Prefiero tomar en cuenta incluso la posibilidad

de que el ser tiene su razón.

 

Wislawa Szymborska

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