- No podemos saber a priori si las distopías se verificarán o no. Lo inquietante es que alguien ha visto que todos sus síntomas están ya aquí. Que ya estamos, de alguna manera, recorriendo ese camino. Plan 75 nos invita a viajar a un ¿futuro? en que los ancianos son un problema para la sostenibilidad del sistema, en que los jóvenes los desprecian y los ven como una amenaza, en que el estado llega a pagar para que los mayores dejen este mundo.
- La distopía cumple, pues, una de las funciones de la profecía. Decirnos: si esto sigue así, mirad dónde podemos llegar a parar. Plan 75 incomoda y desasosiega, hay momentos en que se evidencia una lógica perversa. Pero ese es también el efecto de la profecía: nos hace más conscientes, para poder evitar un futuro que ya no es solo sombrío, sino de derrumbe ético.
- Ante un tema muy delicado y sensible, en el que fácilmente se podría caer en la manipulación emocional, creo que Plan 75 cuenta su historia de una forma sencilla y natural. Tan natural, que parece descripción del presente, sin ese halo fantástico que a veces tienen las historias distópicas.
- No es un relato sin esperanza, aunque se trate de una esperanza frágil, que pende de un hilo, de miradas fugaces. Si hay distopías cercanas y lejanas, a la que cuenta Plan 75 no creo que haya que echarle una imaginación excesiva.




