- Constantemente en las películas de Sorrentino vemos como hay ciertos paralelismos con lo divino - aunque se empeñen en decirnos que no (en Fue la mano de Dios, su pasión por el fútbol se entrelaza con su vida, con el motivo por el cual él, a día de hoy, sigue existiendo; en La gran belleza, no solo nos habla del sentido de la vida en la belleza, sino que el entorno es el epítome de lo histórico y bello - véase aquel famoso stendhalazo nada más empezarla). En este caso, con La Grazia, se refiere tanto al otorgamiento de un indulto en sí mismo como el regalo de Dios en forma de gracia divina.
- Si la opulencia de Sorrentino te ha abrumado en otras películas en esta puedes estar tranquilo. No diría que se trata de su película menos ostentosa, pero si una de las que más respetan el relato sin mucho envoltorio. Pero no olvides de que estamos hablando de una película de Sorrentino, así que habrá cosas que no entiendas.
- En esta película, Sorrentino deja que el espectador repose todo. No te trata de vender una idea ni una posición. Te cuenta una historia en la que el perdón, la vida y la muerte están en el centro. Describe sin caricaturizar por medio de una ficción en la que el protagonista es un político admirable y católico con una moral férrea (o que, al menos, se preocupa por tenerla).




