En la experiencia de pertenecer a una familia concreta: ‘estos’ padres, hermanos; esta casa, este lugar; en esa experiencia se explican algunas razones de ser quién soy. Porque en la construcción de mi identidad está la tarea de asumir de dónde vengo y con quién soy.
«Mi familia es un dibujo» es una expresión que se usa muchas veces en Argentina para decorar esa experiencia singular de pertenecer a un grupo humano que nos viene dado.

«Cada familia es un mundo» es la aceptación de que, dentro de ese pequeño mundo, sucede la vida misma, y nos define en rasgos, gestos, pensamientos, personalidad, cultura. A veces parece que tomamos un aire de independencia, como si de verdad nos hubiera traído una cigüeña de París… Y creemos que todo lo podemos solos o que no necesitamos de los nuestros. Pero es allí, entre los nuestros, donde la persona se hace humana y se nos revela nuestra dependiente pequeñez. Y es allí donde nos encontramos vulnerables, desnudos, reconocidos. Donde las preguntas «¿cómo estás?», «¿qué pasó?» son tan esenciales como incómodas. Porque ser, estar y pertenecer a una familia no pueden separarse.

Tu familia es raíz, escuela, maestra, parte, origen, destino, referencia, refugio, pasión, problema, solución. Y a veces dándola por sentado no para uno a pensar en lo mucho que importan y lo mucho que hay que apostar por ella.

¡Anímate a reconocerte parte!

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